La situación macroeconómica, la preocupación por la subsistencia, la puja distributiva, el dólar y las tasas que caracterizan a estos últimos meses echaron un manto de olvido al crucial tema del divorcio entre el tipo de recursos humanos requeridos por las empresas y la formación universitaria.
Con la mitad de los graduados de la matrícula pública perteneciente a las Ciencias Sociales, sólo el 4% se orienta a las carreras del futuro, las relacionadas con la Tecnología de la Información y la Comunicación; el 2% a Física y Matemáticas; el 1% a Servicios Turísticos y Hoteleros, y el 1% a Recursos Naturales y Medioambiente.
El 20% se vincula con la Salud; el 18% con Administración y Comercio; el 14% con Producción, Diseño y Construcciones; el 11% con Derecho, y el 10% en Docencia y Educación.
Entre las universidades privadas, que desde fueron autorizadas a funcionar en 1958 inscriben a 1 de cada 4 estudiantes, 14 equiparan a las públicas en carreras tales como teología, relaciones públicas, martillero público, diseño de interiores, RRII y Humanas, contabilidad, comercialización y marketing, adminitración y gestión ambiental, relaciones internacionales, publicidad y formación docente de nivel superior y universitario y actuario.
Tampoco en este caso ha habido una fuerte irrupción de las especialidades duras, con excepción del Instituto Tecnológico Buenos Aires (ITBA), de gran prestigio en el ámbito científico y de la innovación aplicada.
El déficit en la formación de talentos en Ingeniería e Informática, Robótica, Biología o incluso Medicina, que en los países más avanzados cuentan con gran salida laboral en el campo de la Biotecnología y la Biomecánica, ha venido siendo reflejado en trascendentes foros, como el Córdoba Technology Cluster, que emplea a casi 10 mil profesionales en 200 industrias y servicios nacionales ligados al sector, lo mismo que grandes compañías nacionales con presencia en la Docta, como Mercado Libre y Globant, así como internacionales representadas por McAfee, dedicada a la seguridad informática.
Según los últimos relevamientos, el sector estaría en condiciones de incrementar 30% sus planteles, o sea de incorporar 3.000 técnicos, y no lo concreta porque no puede conseguirlos, según su titular, Diego Casali.
La explicación que le encuentra la secretaria de Relaciones Institucionales de la Universidad de Buenos Aires, Paula Quattrocchi, es que "el mercado laboral exige con mayor potencia de nuevos saberes y competencias, pero los jóvenes al pensar en su futuro siguen optando, en su mayor parte, por ´carreras tradicionales´”.
La brecha en la capacitación
Sin embargo, la demanda insatisfecha ha sufrido cambios en los últimos años debido a la conjunción de dos fuerzas: por un lado, las empresas bajaron su nivel de requerimientos producto de la crisis económica, y, lentamente las universidades, institutos, cámaras y organizaciones de la sociedad civil, así como diversas áreas de gobiernos nacionales y municipales, han promovido e implementado una mayor promoción de las carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Computación por sus siglas en inglés), y muy particularmente de programadores y desarrolladores de software.
De ese modo, se aprecia una levemente mayor oferta de técnicos y de personal capacitado en la temática, por lo que la brecha entre la cantidad de profesionales disponibles y los que el mercado necesita se ha reducido.
En ese contexto, la difusión de los problemas en articulación con las escuelas secundarias permitió incrementar la matrícula en algunos casos como Ingeniería, donde se llegó a superar en inscriptos CBC a las Ciencias Sociales (4.595 en Ingeniería, 3.650 en Ciencias Sociales.
El capital humano en tecnología de la información y comunicación (TIC) en Argentina alcanzará para fines del presente año 433.000 posiciones, 2,1% de la población económicamente activa (PEA) estimada por el Banco Mundial (19,9 millones), que representa un avance en relación con el 1,5% de una década atrás, pero igual se sitúa a mitad de camino respecto de los países del primer mundo.
“En Canadá, hacia 2020, se habla de más de 212.000 puestos no cubiertos, y en Estados Unidos se habla de más de 500.000, mientras en la Argentina, el mercado crece 11.000 puestos por año, la mitad de los cuales no se están cubriendo. Si bien no estamos ante un problema menos, sí estamos ante uno de menor envergadura comparado con otros mercados”, explicó Pablo Listingart, fundador y director ejecutivo de Comunidad IT a Débora Slotnisky, de Infotechnology.
En un reporte entregado en agosto al centro que ofrece formación y técnica sin costo a personas de entre 18 y 32 años, Comunidad IT, la consultora Prince Consulting se basa en esos datos para asegurar que existe un amplio margen de crecimiento.
El fundador de Sysarmy, una comunidad de Sistemas surgida en 2012, Ariel Jolo, advierte que hay más gente que se está involucrando en carreras afines a Sistemas a través de cursos cortos en centros especializados o bien dentro de los programas que lanzan las firmas para formar a las personas que necesitan contratar, “lo cual está muy bien porque en poco tiempo adquieren ciertas habilidades”.
Enfatiza que la Argentina también tiene una excelente formación universitaria para estos profesionales, por lo que empresas de otras partes del mundo los contratan para que trabajen desde acá.
Asimismo, el responsable del Observatorio Permanente de la Industria de Software y Servicios Informáticos de la Argentina (Opssi), Gustavo Guaragna, señala a Infotechnology de El Cronista que “las compañías también están sumando gente de otras disciplinas, por ejemplo, humanísticas, que se ocupan de tareas vinculadas a la revisión de calidad de software, diseño de las interfaces, levantamiento de tickets y análisis de procesos de negocios, entre otros. Todo eso achica la brecha, porque cambia la demanda aunque ésta sigue siendo muy grande”.