Los pronósticos acerca del salario real no bajan de un desplome del 10% hacia fin de año, lo cual hará resignar, además de capacidad de compra, una mayor participación aún en la ya diezmada torta de los ingresos en beneficio de las patronales, no sólo de las privadas sino también de las estatales.
El PBI entró en un empinado tobogán en el 2do semestre, que lo hará acumular 2,8% de retroceso, según el último cálculo de CEPAL, pero pasando en limpio la estructura laboral en julio de 2018, compuesta por aproximadamente 12,2 millones de trabajadores registrados entre sector privado, público y casas particulares, según estimación del Ministerio de Producción y Trabajo, se arriba al nuevo ciclo con 1.500 de baja neta, a la vez que con 6.100 monotributistas y autónomos más.
En un año, la tendencia a la precarización del empleo queda más expuesta, ya que arroja que se agregaron 37.800 asalariados frente a 60.000 independientes.
La mala noticia para el deficitario régimen previsional es que se incrementó el porcentaje de los que no aportan a jubilación del 33,8 al 34,3% de la masa general.
La recaudación de ANSES se resentirá, asimismo, por el mayor peso de cuentapropistas y subocupados en una estructura laboral donde los desocupados pasaron a representar del 8,7% en esa parte del año pasado al 9,6%, un poco por los despidos pero también en gran parte porque más gente salió infructuosamente a buscar trabajo porque no les alcanza el dinero, como queda demostrado en el leve repunte que tuvieron las tasas de empleo y de actividad.
Si bien la última medición no refleja que se hayan perdido puestos de trabajo respecto del año pasado, sino todo lo contrario, confirma el retroceso de los salarios pero por tocarles menos en el reparto.
En ese lapso, los no asalariados crecieron 3 veces más, con lo que quedaron en 10,7%, con un nivel muy alto de cuentapropistas en comparación con los países desarrollados.
Oscuro panorama
Las perspectivas que presentan las patronales para el último trimestre de este año no son alentadoras ni para la ocupación de mano de obra formal ni para la recuperación del salario, en un contexto de alta inflación que seguirá erosionando el poder adquisitivo de las remuneraciones y, por ende, el consumo.
Agrava la situación que todos los rubros vinculados a la construcción, que traccionaban a la industria, hayan mostrado 3 meses consecutivos de caída de minerales no metálicos, dada la caída futura de la obra pública por el plan Déficit Cero y la expectativa de que la obra privada no está creciendo mucho
En agosto, retrocedieron 9 de las 12 ramas industriales que analiza la UIA, con la cadena textil-indumentaria (-17%) como la de peor comportamiento. Químico y petroquímico fue otros de los rubros que más sintieron el parate, -12,6%.
La merma en la construcción y la maquinaria agrícola se tradujo en un -7,4% que tuvieron los minerales no metálicos y -6,3% metalmecánica, respectivamente. Edición e impresión perdió -4,8%) y alimentación -4,9%, que podría haber sido mucho peor si aceites no hubiera contrarrestado la malaria general.
Los que anduvieron mejor en agosto, como la industria automotriz (con una manito de Brasil), metales básicos gracias al acero y el aluminio excluidos de las sanciones de USA y papel y cartón por más producción de embalajes y tissue, no dan garantías de repetir las performances en lo que resta del año.
BAE Negocios reproduce una opinión fabril calificada que no brinda demasiados atenuantes al tornado productivo que siguió a la tormenta cambiaria: el sector automotor creció en agosto "gracias a la tracción de Brasil y algo por mercado interno", pero "en septiembre ya presenta una baja del 20% que es bastante relevante; por lo tanto el mes que viene será peor por el escenario de base que se toma".
En el caso de papel y cartón el ascenso tuvo una "base de comparación baja, por lo que no se trata de un gran síntoma".