Al mismo tiempo, FIX estima en el reporte que la demanda para productos de consumo discrecional enfrentará una caída real para el 2do semestre del ejercicio 2018, produciendo de este modo un impacto negativo en la generación de fondos".
La perspectiva a mediano plazo, a los ojos de FIX, no avizora tiempos mejores: "La calificación podría verse presionada a la baja si la demanda continúa débil y la compañía no logra reducir los elevados niveles de inventario que expondrían a riesgo de refinanciación”.
Tampoco visualiza “una mejora en la calidad crediticia en el mediano plazo dado el perfil financiero de Longvie, que incluye elevados niveles de deuda con coberturas estrechas y una liquidez ajustada".
El incremento de los costos de producción que provocó la devaluación, en general, a las firmas de electrodomésticos fue casi en paralelo a la merma que mostró las demanda, de acuerdo con la consultora de investigación de mercados GfK, aunque en casos como el de los televisores las ofertas de descuentos puntuales por el efecto mundialista y las promociones generales durante el Hot Sale estiraron la bonanza que traían del 1er trimestre, ya que hicieron saltar casi 100% las ventas.
Sin embargo, la línea blanca recibió de lleno las turbulencias cambiarias de mayo, que se trasladaron a los precios en un 5,4%, el doble que el IPC del mes pero lejos del salto cambiario.
GfK indica que los mayores retrocesos se reflejaron en los freezers, lavarropas y campanas de cocina.
Las reducciones de sucursales de grandes retailers del sector, como Musimundo y Frávega, dan fe del cuadro de situación.
Fue sobre llovido mojado para Longvie. En el balance anual cerrado en diciembre del año pasado había vendido poco más de $1.200 millones, casi igual que en el ejercicio precedente, pero esta vez perdió alrededor de $22,7 millones contra $900.000 de la anterior.
Situación general desfavorable
Además de este estado de situación particular, el contexto general de la industria no ha sido favorable, lo que quedó puesto de manifiesto en que la capacidad instalada se ocupó en agosto, considerado un mes bisagra para la reactivación estacional de la producción, un 63%, que representa una caída del -4,3% respecto de igual mes de 2017, la cual había sido la peor desde la salida de la convertibilidad: 56,9%
Las plantas que estuvieron más inactivas fueron las vinculadas al mercado interno, encabezadas por las de tejidos y de hilados de algodón textiles -sector que utiliza mano de obra intensiva-, las cuales pisaron el 53,4%. Como contraste, la performance de los metales básicos, gracias al acero y al aluminio, se ubicó en el 85,2%.
Los bloques que presentan, en agosto de 2018, una menor utilización de la capacidad instalada respecto al mismo mes del año anterior fueron las industrias metálicas básicas y la automotriz.
La UIA es más optimista en cuanto a los números globales del año próximo, cuando entre a jugar la molienda y otros sectores más vinculados a otras variables, como autos con Brasil o elementos vinculados a petróleo y gas.
En ningún caso figura en los augurios con mejor pronóstico la industria metalmecánica ni la demanda de electrodomésticos, pero tampoco que aflojen las exhorbitantes tasas de interés que condenan a los endeudados y a los que necesitan de capital de trabajo para sostener la actividad fabril y el empleo.