Estas nuevas clasificaciones de las formas de gobierno que reflejan las denominaciones citadas, seguramente serán populares rápidamente: si los medios han aceptado la clasificación en su lenguaje cotidiano es porque interpretan la percepción de la gente, más allá de si responde a una realidad objetiva. Por lo tanto, cabe acercarse rápidamente a su significado.
El populismo, según la mayoría de los analistas internacionales, es 'el poder del pueblo', concebido generalmente como las personas de los sectores sociales bajos y medios-bajos que se declaran excluidos de los intereses de los líderes políticos, quienes priorizarían a los sectores altos.
Entonces, la legitimidad del populismo consistiría en la búsqueda de la inclusión social basada en una mejor distribución de la riqueza disponible (el stock, podría especularse).
Los opositores al populismo lo acusan de provocar que el costo de la distribución que proponen limita el progreso de un país, impidiendo la generación de la riqueza (el flujo, podría especularse), al no incentivar las inversiones necesarias para desarrollarla.
El populismo ha logrado unir tanto a los comunistas y socialistas residuales como a quienes afirman que la globalización y el desarrollo tecnológico los ha dejado afuera del mundo laboral. A pesar de esta heterogeneidad filosófica, ellos han logrado interesar a una masa crítica muy importante.
El corporativismo, desde la visión del populismo, es un sistema de políticas o promovidas o defendidas por las grandes corporaciones, generalmente con intereses económicos, que comandan a la sociedad convencional. En teoría es una coalicion de grandes empresas, organismos multilaterales, medios de comunicación afines, sindicatos masivos y el gobierno.
En su acepción moderna, se identifica a Benito Mussolini en los años '30 como el iniciador de la corriente del populismo, que propicia un método de control social para consolidar al Estado.
Sin embargo, los opositores a esta corriente argumentan que, para mantener estas políticas, es necesario un organigrama vertical que, como consecuencia de esa verticalidad, provoca fraude y corrupción sistémica.
El corporativismo, en tanto, ha logrado unir parte del capitalismo residual, y a nacionalistas. Si bien el capitalismo liberal no se siente incluído en este concepto, frente al peligro del avance del populismo, prefiere refugiarse en este concepto.
Las grandes adquisiciones y fusiones corporativas internacionales, potenciadas por la globalización, han generado oligopolios que, en su autodefensa, no ayudan a delimitar con nitidez las diferencias entre el liberalismo y el corporativismo. A diferencias del populismo, al menos en América Latina, su popularidad no es masiva aunque sí poderosa como fuerza económica.
Pero, a la vez, el llamado "corporativismo empresarial" ha provocado, en su globalizacion, nuevas relaciones -no imaginadas hasta entonces- y batallas comerciales entre los estados. Por ejemplo, las nuevas coincidencias entre Rusia, Arabia Saudita y USA para regular el valor y desarrollo del petróleo.
Esta conjunción, aun cuando resulte puntual -al menos por ahora- acumula más del 30% de la producción global de hidrocarburos, superando a la OPEP (de la que forma parte Arabia Saudita). La manipulación de los precios de los hidrocarburos y los nuevos aranceles de importación al aluminio y el acero, ubican a Asia, fundamentalmente a China pero también a Japón y Corea del Sur, en una posición desventajosa. Asia fue el destino de enormes volúmenes de capital enviados desde Occidente durante los recientes 25 años.
De esta manera USA, con nuevos socios, en el marco de su nueva política "America First", controlaría el mercado a partir de regular el costo del dinero mundial a traves del precio de la energía y de la tasa de interés, según sus necesidades locales.
Estos dos mercados -energía y tasa de interés-, aglutinan, junto a las corporaciones tecnológicas, a los grandes negocios internacionales.
Según el populismo, definidos los objetivos de las potencias globales, ellas guiarán a los organismos internacionales, donde estas potencias tienen las acciones o los votos mayoritarios -FMI, Banco Mundial, BID, OCDE, etc.-, a condicionar al resto de los países, en especial a los emergentes y a los de frontera.
Si bien MSCI aún no le concedió a la Argentina la calificación de 'emergente', el nuestro sigue siendo 'de frontera'.
El propósito de esta acción de los organismos multilaterales sería garantizar que los objetivos de estos países sean funcionales a los de los intereses corporativos dominantes.
No sería casual, por lo tanto, que países como México y Brasil tuvieron que aumentar el precio de los combustible, sin amortiguar el nuevo valor internacional del petróleo, generando una paralización de su actividad económica.
Si bien toda definición política no siempre es tan lineal, la descripción despierta algunos enigmas que generan un contexto que se percibe en el ámbito local en la reciente pulseada política en el Congreso: el veto presidencial y su inflexibilidad acerca de las tarifas de servicios públicos y los precios de los combustibles, responde más a condicionamientos externos para obtener financiamiento del FMI que a una cuestión filosófica sobre los subsidios.
Ya a fines de 2015 un informe del FMI de consulta libre, sugería que el precio de la energía debería aumentar en el mundo ya que el subsidio global era del 6,5% del PBI mundial. Sugestivamente se incluyó la compensación de los daños ambientales como parte de los costos del subsidio, concepto muy sospechado y sospechable. En el ranking de los países con subsidios, la Argentina se ubicó en el puesto 38, y su participación se estimó en 1,62% del PBI argentino.
Sin embargo, varios analistas energéticos internacionales afirmaron -contradiciendo aquel estudio- que el subsidio mundial no llegaba a 0,4% del PBI mundial.
Para quienes esperan un rápido acuerdo de la Argentina con el FMI, deberán esperar al inicio de la Copa del Mundo Rusia 2018, escenario ideal para presentarlo como un logro por el monto excepcional obtenido, comparándolo con un gol de Lionel Messi, sin reparar en sus condicionamientos, a partir de la restructuración de las Lebacs, la libre flotación del tipo de cambio como condición básica sumada a la dolarización del precio de los servicios públicos y el combustible.
El objetivo será provocar una licuación progresiva del déficit fiscal y moderar el desequilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos, a la velocidad inflacionaria que toleren el ajuste salarial y la conflictividad social.
En este contexto puede evaluarse el magro ajuste anunciado en los gastos del Estado que, si bien es necesario como ejemplo de austeridad, no mueve el amperímetro del recorte.
Y en este punto la advertencia del senador nacional Miguel Ángel Pichetto quedó flotando en la Cámara alto: "Solos no podrán", refiriéndose al ajuste que deberán hacer en el Presupuesto de Gastos y Recursos de 2019 que deberán presentar en septiembre venidero, en pleno lanzamiento de la campaña electoral.
En ese compendio de estimaciones se sentirán con más fuerza los ajustes exigidos por el FMI y provocará -ubicando a la sociedad argentina en la moda de 'populismo' vs. 'corporativismo'-, una nueva forma de grieta, que probablemente marque tanto el discurso como las alianzas del año electoral 2019.