Según la reconstrucción el fiscal estaba arrodillado frente a la bañera, con la sien izquierda hacia el lavado, y una persona le sostuvo por detrás la mano para efectuar el disparo. Esto también explicaría por qué una parte de su mano no se manchó con salpicaduras de sangre.
Esa misma persona luego movió y acomodó el cuerpo en el piso, lo que también explicaría el lugar extraño en el que finalmente terminó tirada el arma. Además, se habría lavado las manos en el lavatorio, lo cual coincide con las manchas de sangre descubiertas tras las pruebas con el reactivo luminol.
La otra las hipótesis, que sería la planteada por Gendarmería en su informe, sostiene que fue un homicidio pero que hubo dos personas más en el baño. Según esta versión, mientras alguien sostenía a Nisman desde las axilas, otro hombre sostenía el arma para dispararle. Tras la detonación, arroja el arma y acomoda el cuerpo.
Las reconstrucciones plantean que los rastros de ketamina en el cuerpo del fiscal demostrarían que se utilizó esa droga para poder dominarlo y simular un suicidio. Es clave el hecho de que no se haya encontrado ningún recipiente que pudiera contener la sustancia en el departamento.
Y los golpes en el cuerpo del fiscal en el riñon y en el tobillo izquierdo indican que serían "de reducción".