Por otra parte, el transporte urbano de pasajeros en Rosario es blanco de innumerables quejas por parte de los usuarios. La intendencia anunció en 2014, un novedoso sistema de transporte con líneas troncales y redes secundarias. El sistema de troncales tenía por fin, entre otros, mejorar en un 35% la frecuencia de los colectivos. Pero si alguien lo vio... que le mande saludos. Ni rastros hay hoy en día de la propuesta del Ejecutivo Municipal.
La medida que implementó el socialismo para ordenar el tránsito fueron la delimitación de carriles exclusivos para colectivos y taxis que atraviesan varias calles del centro. La congregación de las líneas de colectivo en la calle Santa Fe alcanza la friolera suma de 44 colectivos que paran en la intersección con la calle Entre Ríos. Lo que preveía agilizar el tránsito terminó comprimiéndose por la incesante acumulación de unidades en la misma arteria.
Y si vamos para los barrios, el clima es tenso. Los vecinos reclaman que la mala frecuencia del transporte urbano de pasajeros los expone a sufrir hechos de inseguridad en distintas garitas barriales. Los ciudadanos, rehenes de la inseguridad, consultan vía internet el horario en el cual pasa el colectivo para no esperar en vano. En algunas zonas de la ciudad el escenario es aún peor: "Los colectivos desvía sus recorridos para no entrar al barrio por la inseguridad. Nunca sabemos si pasará o no, depende la voluntad del chofer", protestan a voz en cuello los vecinos de zona sur.
El último aumento, establecido vía decreto por Mónica Fein, ubicó en $9,70 el valor del boleto. El mismo no llega alcanzar el precio sugerido por el último estudio de costos realizado. Pero lo cierto es que, salvo la renovación de la flota de la línea 122, la Municipalidad sólo hace hincapié en el tema cuando de tarifas se trata. En el interín, miles de usuarios del transporte urbano tienen que lidiar con la falta de unidades, colectivos repletos de gente, mala frecuencia y un congestionamiento vehícular que aumenta las demoras.
En busca de emular modelos de ciudades europeas, Mónica Fein creyó conveniente importar el sistema de bicisendas a lo largo y ancho de la ciudad. Inicialmente el proyecto buscaba crear corredores seguros para los biciclistas en algunas arterias de la ciudad. Pero la idea se expandió y la Municipalidad de Rosario hoy establece bicisendas en un sin fin de calles, la mayoría de ellas, angostas. La avenida Pellegrini, que supo ser una vía rápida en una ciudad que no tiene carriles ágiles, tiene ahora carriles para quienes pedalean.
El tránsito por avenida Pellegrini ahora se ve más limitado y no se registra una significativa cantidad de bicicletas a lo largo de la traza. Par colmo, los inspectores que siempre están atentos a que nadie deje el auto sin pagar estacionamiento medido, hacen vista gorda a las reiteradas oportunidades en las que los motociclistas hacían uso de ese carril exclusivo para bicicletas. La falta de control y de pautas de convivencias le dieron pie a la tragedia. Una moto arrolló a una mujer que iba en bicicleta y le quitó la vida. Postales tristes de un tránsito caótico.
La prohibición de estacionar sobre numerosas calles del centro rosarino ha vuelto una odisea el hecho de encontrar un lugar para dejar el auto. Gran negocio gran entonces, los estacionamientos. Sin regulación existente, ya que ni la intendencia ni el Concejo Deliberante lo han tratado jamás, las tarifas de las cocheras se han vuelto en algunos casos abusivas. Alrededor de $100 cuesta dejar el auto estacionado una hora en una cochera céntrica. Y el estacionamiento medido, en la vereda, también deja grandes dividendos. Entre $8,55 y $13,25 es el precio por hora.
Por supuesto que las innumerables prohibiciones de estacionamiento en todo el centro hacen que las plazas sean cada vez menores y conducen a la Municipalidad a extender el área de influencia de los parquímetros. Se prohibe estacionar frente a escuelas, instituciones públicas o calles del casco histórico como también, por supuesto, en todas las arterias que tengan carriles exclusivos para los colectivos.
El tránsito se ha vuelto, de un tiempo a esta parte, uno de los principales problemas de la ciudad. Sin destronar a la inseguridad, se ubica en un lugar preponderante de las conversaciones que van construyendo la opinión pública. Opinión que se hace carne en sondeos que inquietan a la administración Fein.
La falta de un transporte público eficiente, el carácter prohibitivo de las medidas tomadas para ordenar el tránsito y las promesas incumplidas son motores de un descontento que trepa al 82% de los rosarinos que esperan un colectivo para viajar apretados, por no ir en auto para no tener que pagar un estacionamiento oneroso y dejan la bicicleta en la casa por temor a que se la roben.