En horas de la tarde de hoy, durante la inauguración de un lactario en la Legislatura bonaerense, en el marco de la semana mundial de Lactancia Materna, una asesora de la ministra de Salud, Zulma Ortiz, agredió verbalmente a una periodista de este medio, llevándola al punto del llanto.
Se trata de Milagros Olivera, asesora en la Unidad de Ministro y responsable de Relaciones Institucionales y Comunicación del ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, quien le reprochó a una periodista de RealPolitik por una publicación en la que se cuenta que la ministra mantiene un despacho paralelo en el coqueto Puerto Madero.
La periodista, que se encontraba acompañada por un fotógrafo desarrollando la cobertura del evento, fue acosada y agredida verbalmente en reiteradas oportunidades, incluso frente a la propia ministra Ortiz, quien en ningún momento intervino para tranquilizar a su inexperta asesora.
Según se desprende de la cuenta personal de LinkedIn, hasta no hace mucho Olivera se ganaba la vida como vendedora de productos Avon. Paradójicamente, actualmente también se desempeña como co-docente en “Holos Capital”, un instituto de counseling, dedicado a la enseñanza de la atención de problemas de la vida cotidiana y situaciones de crisis.
Desde este medio esperamos, no solo las disculpas del caso, sino también que el hecho haya sido una consecuencia lógica de la falta de profesionalismo de la cobarde e irrespetuosa agresora.
De paso, la publicación de la nota que inició el tirayafloje:
La crisis de poder continúa en una de las carteras provincial. Luego de la misteriosa balacera en el frente del edificio ministerial, de la remoción de numerosos funcionarios y en plena negociación con los gremios estatales y de la salud, Zulma Ortiz no asiste al ministerio. Patricia Segovia, titular de Adicciones, tampoco. Todo parece responder, una vez más, a la clásica aversión del vidalismo por todo lo que pueda ser tildado de bonaerense.
El ministerio de Salud bonaerense se encuentra en el ojo de la tormenta desde principio de año. Inmediatamente después del cambio de autoridades, la gripe A (con veinte muertes registradas en la provincia) y el dengue obligaron a los nuevos funcionarios a organizar la situación, pero lejos estuvieron de poder manejar todos los hilos.
Más allá del destrato y la constante sensación de estar al borde del desempleo, empleados del ministerio denuncian que durante los primeros meses del año hubo áreas sin directivos, totalmente acéfalas, y que por dicha razón no se bajaba ninguna tarea a realizar. En este contexto desaparecieron o se vaciaron programas, al mismo tiempo en que los trabajadores de hospitales y salitas denunciaban (una vez más, ya que durante la gestión de Daniel Scioli también hubo numerosas quejas) que no tenían insumos para trabajar.
La situación se volvió más oscura cuando, a principios de julio, el edificio recibió más de veinte impacto de bala, situación que nunca fue aclarada. En simultáneo, renunciaron o fueron directamente removidos primeras y segundas líneas de la cartera: el ex jefe de Gabinete, Roberto Chuit; el ex director de Hospitales, Alberto Lazo; el ex subsecretario de Administración y Gestión de los Recursos; y el ex director de Servicios Técnicos Administrativos, Juan Pablo Bracco.
Por todo lo expuesto anteriormente, resulta aún más llamativo que la ministra Ortiz no asista al ministerio. Proveniente de UNIFEC, esta médica más acostumbrada al trabajo en organizaciones que en el ámbito estatal no logra legitimidad política. Tal es así que indica directivas desde Puerto Madero, dejando su puesto cada vez más desdibujado en el edificio radicado en La Plata.
Otra funcionaria que no se digna a aparecer por sus oficinas (“sus” porque ostenta más de una) es Patricia Segovia, actual subsecretaria de Determinantes de Salud, Enfermedad Física Mental y de la Adicciones, lo que antes se conocía como subsecretaría de Adicciones. El caso de Segovia se complementa, además, con el hecho de que la funcionaria mandó a acondicionar cuatro oficinas para su función: una en el hospital El Dique, de Ensenada; una segunda en el José María Jorge, de Burzaco; otra en el propio ministerio y una correspondiente a la antigua subsecretaría. Segovia no asiste a ninguna de sus cuatro oficinas.
Así las cosas, parece ser difícil que la ministra y sus acólitos logren manejar un ministerio que además de ser fundamental para la vida de los bonaerenses en lo que respecta al cuidado de la salud en general, es una pata fundamental de la lucha contra las adicciones.
Como todo en la gestión de la gobernadora María Eugenia Vidal, la salud provincial tiene “cara” de porteña.