Hemos insistido que sólo se construirá la democracia si aparece un partido o coalición de centro izquierda que consolide el sistema, esto es: la alternancia y la oposición constructiva, entendiendo por constructiva la que puede remplazar a quien gobierna. Petardistas hay muchos, que puedan gobernar: muy pocos. Más claro, no son eslóganes lo que se necesita. Se necesitan ideas de gobierno y capacidad de gestión.
Si tomamos la democracia iniciada en 1983, destinada a durar mil años, las fases son claras.
Una centro izquierda voluptuosa, con un radicalismo progresista que anidaba su propio germen reaccionario, llevó a Raúl Alfonsin al gobierno. Ese radicalismo, afiliado al socialismo internacional, no pudo o no supo contenerse a sí mismo. Dejó huellas definitivas, hoy señales luminosas. El Juicio a las Juntas sigue siendo un fenómeno imbatible. Los militares tenían armas, soldados, dinero y su propia inteligencia, pero fueron juzgados. Condenados.
El populismo menemista trajo el clásico movimiento pendular. Despanzurró al Ejército como partido militar. Argentina viró. De aquello que parecía progresista pasó a lo que se anunciaba como realista. En un mundo donde las barreras eran abatidas el dólar nos puso en el mundo. No estábamos preparados. Así como en aquel radicalismo había poderosos intereses del peor capitalismo, en las intervenciones del menemismo la izquierda preparaba su entrada, cobijada en la misma casa. La contradicción lo abatió.
Fernando De la Rúa, pero básicamente la crueldad de la división peronista en el poder puso, en el fin de siglo, a la Argentina en terapia intensiva. Con De la Rúa crece y se desmorona un experimento singular. Ideas peronistas progresistas junto con libres pensadores progresistas y un jefe de la más clara derecha radical. Castillo de naipes. Ni una sola buena carta.
El peronismo trata de reconstruir el país (y reconstruirse) y un jefe en solitario, tan avaro como meticuloso, tan corrupto como desconfiado, restituye el poder presidencial y genera una política de culto que llega hasta la herencia: su mujer. En sus entrañas reaparecen los soñadores de una revolución inconclusa que nos derivaba a la izquierda setentista y una derecha empresarial que se enriquecía a ojos vista. Su mujer se creyó una reina y sólo era una inexperta dirigente que cerró los ojos en la cabina. Chocamos. La corrupción estructural socavó todas las instituciones.
La presencia del PRO Cambiemos remite a esta definición: Es el más claro gobierno ideológico desde 1983 a la fecha. No hay fisuras. Tienen ideología y muy pocas contradicciones. Se pertenecen a sí mismo. Debe remarcarse el hecho, no hay contradicciones ideológicas.
Hay que hacer una digresión: Borges sostiene con sus palabras que el tigre no sabe que es tigre, simplemente actúa como lo que es: un tigre. Mauricio Macri y sus amigos no necesitan explicarse a sí mismos ideológicamente, actúan como lo que son: lo suyo es la centro derecha y su forma de mirar el mundo del capital y el trabajo, del dinero, de la educación, el rol del Estado, de la patria, los hijos, el futuro, el lenguaje, la comida, las vestimentas y los juegos. Son tigres y no necesitan explicarse nada. Actúan.
El PRO Cambiemos es intrínsecamente directo. Previsible. Sus mociones de anhelo (esto hay que arreglarlo rápidamente, estamos muy mal, dejaron un desastre, no sabíamos que era tanto el desfasaje) son las típicas. Es en sus tiempos y con sus modos que piensan el país. Un país claramente porteño. Portuario, centralista. Voluntarista.
Claro que hay un costado peronista para ejercer el poder. No en vano la genética nos define en los orígenes. También es visible una formación europeísta en muchos y claramente capitalista y occidental en todos.
Una moralina cercana a los 10 mandamientos y el catecismo finisecular. El liberalismo mundano de colegios privados, embajadas y countries apacibles los contiene, los define, los explica. La función pública los atosiga. El trabajo de 18 horas diarias los asusta. El ritmo es otro y la vigilancia de las palabras los exaspera. Todo puede arreglarse de hoy para mañana o pasado.
Argentina venía de la monarquía populista y entramos en un mundo más obvio. Más definido. Ninguno de los componentes del núcleo originante del PRO Cambiemos está equivocado, es débil o irresoluto. Saben qué piensan de cada cosa y las resolverían más rápido si no se lo impidiese algún tardío ejercicio del derecho y las malas costumbres populares.
Ideológicamente son centro derecha liberal y, por lo demás, mientras enfrenten viejos funcionarios corruptos, hijos de contumaces ladrones que entraron a la gestión pública portando apellidos, impresentables filibusteros con garfios y cofres y GPS a la isla del tesoro, lo suyo es lo más claro. Plantados frente a las ofertas (Scioli, CFK, Recalde, D’Elía, Hebe, Aníbal Fernández, Moyano, Barrionuevo, Moreno, Sabatella, De Petris…siguen las firmas) no hay sábados desapacibles en la casa de fin de semana.
Sólo otra oferta clara de gobierno puede alterarlos. Por ahora no existe. Además, sin ideología clara sobre la función pública, el Estado, los dineros del Estado y el destino del país cambiar al PRO Cambiemos puede ser, sin duda alguna, avanzar hacia el abismo. Todos lo sabemos. Rectifico. Todos lo sabíamos.