Pero la corriente se cortó cuando la renovación del auto dejó paso a otras necesidades en la sociedad y el aumento de los precios de las naftas obligó a los automovilistas a exprimir su imaginación para poder seguir circulando. Muchos optaron por el GNC; en las provincias de frontera son miles los que cruzan a los países vecinos para aprovechar los beneficios que ofrece el cambio, otros comparten sus vehículos de modo de repartir los gastos del traslado y los más, luego de meterse en cuanta ventaja promocional aún subsiste, cambiaron de fila en la estación de servicio pasándose del surtidor Premium, al de la súper o directamente al de la común.
Rápidas de reflejos algunas compañías petroleras advirtieron que el contexto económico ofrecía la posibilidad de reflotar un producto que tiempo atrás estaba en vías de extinción. Es así como volvieron a instalar en los surtidores la nafta común o grado 1, un producto de menor octanaje que la súper, pero que puede utilizarse sin inconvenientes en rodados con cierta antigüedad.
Desde el año pasado, Refinor retomó la comercialización de este derivado en forma intermitente. Fuentes del sector estiman que esta medida obedece a cuestiones técnicas de la destilería de Campo Durán debido a las falencias para suministrarse de crudo apto para el procesamiento de combustible.
Pero Shell nunca dejó de producirla en sus refinerías. Durante 2015 procesó 26.000 metros cúbicos y este año ya lleva destilados 6.000. El mismo volumen acumulan las ventas de los tres primeros meses de 2016 aunque sólo 700 fueron destinados al segmento de estaciones de servicio.
“Es un producto que se vende en el mercado interno, en su mayoría por el canal de industrias y en casos muy puntuales en estaciones de servicio. A pesar de ser un sector pequeño en términos de volumen y que es abastecido por diversos oferentes en el mercado local, mientras exista demanda razonable, la seguiremos abasteciendo”, explicaron desde la empresa a surtidores.com.ar.
Actualmente, en las pocas localidades en las que se despacha, la nafta común cuesta 2 pesos menos que la súper. Representa un ahorro de hasta 100 pesos por tanque, un buen argumento para aquellos que aun puedan cargarla sin dañar el motor de su auto.
Lo cierto es que su permanencia en los surtidores tiene poco vuelo, ya que el nuevo parque vehicular demanda combustibles con mayor poder antidetonante como el que ofrecen los productos con más octanos. Pero Shell estaba preparada para primerear al resto.
Así, con una caída del 16% en el expendio general de combustibles en el quinto mes del año, la súper concentra el 61% de las ventas, cuando a fines de 2015 representaban el 53%, según Cecha. La Premium bajaron al 39% del 47% que tenían el año pasado.
Y asoma las de menor precio, la común, empezando por su reaparición en la oferta cotidiana y por el despacho más fluido donde la reputación de calidad tiene un lugar en el imaginario del automovilista, como es el caso de Shell.
En el renglón intermedio de las súper, hasta el año pasado AXION y Oil Combustibles habían sido las únicas en obtener un saldo positivo del 10 y 17.3 % respectivamente. El resto de las banderas, en cambio, había retrocedido: YPF y Shell en un 3.4 % negativo y Petrobras, 2.1 %. Por lo que se ve ahora, la ecuación menor precio-confiabilidad al elegir el tipo de combustible a cargar revirtió el panorama, y la compañía angloholandesa es la que conjuga mejor la mezcla y, además, corre con el caballo del comisario.