A 34 años de José Rucci, asesinado por FAR Montoneros, hoy kirchneristas
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). José Ignacio Rucci, secretario general de la Confederación General del Trabajo y una de las personas más cercanas a Juan Domingo Perón, fue asesinado el mediodía del martes 25 de setiembre de 1973.
Rucci había nacido en Alcorta, provincia de Santa Fe, el 15 de marzo de 1924
y realizaba su actividad sindical desde 1946 en la fábrica siderúrgica Somisa, de San Nicolás de los Arroyos-Ramallo.
En septiembre de 1973 gobernaba provisoriamente, luego de la renuncia de Héctor J. Cámpora, Raúl Lastiri (yerno de José López Rega) y ya había resultado electo Perón, quien se encontraba en el país, muy pronto a asumir la Presidencia junto a su esposa, María Estela Martínez.
El líder sindical había pasado la noche en un departamento de la avenida Avellaneda (casi Nazca), en el barrio de Flores. Allí vivía un familiar y Rucci pernoctaba con cierta frecuencia durante el semestre anterior. Rucci acostumbraba cambiar su lugar de descanso por razones de seguridad.
A principios de septiembre, la organización FAR-Montoneros comenzó a discutir la posibilidad de matar a Rucci. Por casualidad un comando de FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) había descubierto a Rucci saliendo de Avellaneda 2953.
"¡Far y Montoneros son nuestros compañeros!" se cantaba en la universidad.
También: "¡Rucci, traidor, a vos te va a pasar lo que le pasó a Vandor!" (En días de la Revolución Argentina, Augusto Timoteo Vandor, ya enfrentado a Juan Perón, fue asesinado por militantes peronistas que luego confluyeron en "las formaciones especiales" que Perón toleró en un comienzo y luego no pudo controlar).
Si bien Roberto Perdía se había reunido con Lorenzo Miguel luego de la 'masacre de Ezeiza', y Miguel le explicó que el sindicalismo no había ejecutado los asesinatos, la situación era muy compleja. Así como en el sindicalismo había una disputa entre Miguel y Rucci, en FAR-Montoneros existían los "movimientistas" enfrentados a los "militaristas".
Algunas versiones responsabilizan a Julio Iván Roqué, alias 'Lino', cofundador de FAR, por la decisión del atentado.
Roqué se instaló en un departamento del barrio de Floresta, Juan B. Justo 5781, a 10 cuadras del domicilio de Rucci y acumuló las armas necesarias para el operativo. Las llevó Gustavo Laffleur, camufladas como máquinas de coser Knittax y en un auto oficial del gobierno de la provincia de Buenos Aires. Roqué convocó al equipo operativo, 9 combatientes, la mayoría provenientes de las FAR.
'El gordo' Fernando Saavedra fue designado jefe del operativo, pero las versiones insisten en que se oponía por razones políticas y se rompió un tobillo una semana antes para no participar.
El sindicalista metalúrgico de San Nicolás abandonó la finca a las 12:10. Frente a la casa se encontraba estacionado su Torino rojo y muy cerca, los 3 vehículos de la custodia.
El atentado ocurrió cuando Rucci cruzaba la vereda rumbo al Torino. Aparentemente, los atacantes iniciaron la emboscada con el lanzamiento de una tabla que llevaba una ristra de petardos que impedía precisar de dónde provenían los disparos.
José Rucci fue alcanzado inmediatamente por una lluvia de balas, con una profunda herida en su cuello, además, por supuesto, de numerosos impactos en todo su cuerpo.
Cuando Rucci yacía en la vereda, los custodios se parapetaron detrás de los autos para repeler el ataque.
Tuvieron una sorpresiva respuesta cuando los disparos comenzaron a llegar desde las ventanas a sus espaldas.
Así, Rucci recibió nuevos balazos, al igual que su chofer, 'Tito' Nuñez, y Ramón Rocha, otro de los custodios.
Desde un colegio cercano (en cuya terraza parecía haber francotiradores) alguien les gritó a los custodios que detuvieran el fuego ya que en el interior del establecimiento había más de 200 escolares.
Pese a su intensidad (los primeros cálculos periciales estimaron que se dispararon más de 100 proyectiles) el tiroteo fue breve, y a las 12:30 ya habían huido los agresores, un comando de entre 9 y 11 personas que dispararon desde puntos diferentes con armas largas de precisión y no llegaron a utilizar ametralladoras dispuestas por si Rucci lograba subir al auto.
El informe de la morgue judicial sobre el cadáver del líder sindical asesinado dice:
1) Herida contuso-cortante de unos 4 centímetros y medio en la cabeza;
2) otra herida similar en la frente;
3) un hematoma en ese mismo lugar, probablemente por la caída;
4) herida cortante superficial en la nariz;
5) herida de bala en la cara;
6) herida de bala en la cara lateral del cuello;
7) herida de bala en la base del cuello;
8) herida de bala debajo de la nuca;
9) herida de bala en el hombro derecho, con rotura de clavícula;
10) dos heridas de bala en la región mamaria derecha;
11) 16 heridas de bala en el tórax;
12) heridas de bala en la mano izquierda;
13) fractura del húmero;
14) herida de bala en la rodilla izquierda.
Perón exclamó: "Me cortaron las patas".
A las 18:00, el cardenal Jorge Bergoglio abrirá las puertas de la Catedral Metropolitana para una misa por Rucci, satisfaciendo pedidos de Alberto Rodríguez Saá, Carlos Menem y varios sindicalistas.
El 25 de septiembre de 1973, en nombre del Movimiento Obrero Organizado, José Ignacio Rucci iba a leer un mensaje que sería trasmitido por Canal 13 de televisión, y que decía:
"Ahora el fragor de las luchas ha pasado a convertirse en historia. La realidad de nuestros días es la unión, el trabajo y la paz. Por primera vez en 18 largos y sacrificados años se ha expresado sin limitación alguna, con absoluta soberanía, la voluntad popular.
Ninguna sombra del pasado podrá interponerse ahora para que los argentinos marchemos unidos y solidarios, hasta la construcción de la Argentina potencia. Los trabajadores han contribuido al proceso de liberación y a la modificación de las estructuras caducas y la destrucción se ha operado no sólo en los aspectos materiales de lo que fuera una nación próspera y libre, sino en la conversión en una colonia empobrecida, dependiente, opresora e injusta.
Hubo un proceso distorsionador en el ámbito espiritual y cultural, cuyas consecuencias no han podido ser erradicadas del todo y aún las seguimos viviendo y soportando. Significa esto que a la recuperación plena del poder adquisitivo de los salarios, a la valorización del trabajo a la creación de nuevas riquezas, es necesario agregar la pacificación de los espíritus, requisito indispensable para encarar un proceso de reconstrucción y la reconquista de los valores nacionales, cuya vigencia absoluta asegurará la elección de los mejores caminos para arribar al objetivo común.
Sólo por ignorancia o mala fe se pueden exigir soluciones inmediatas para problemas que fueron profundizados durante tantos, años; no se puede apelar a la violencia rayana en lo criminal, en un clima de amplias libertades e igualdad de posibilidades; no se puede seguir abrigando ambiciones y privilegios, creando condiciones injustas, burlando las leyes, impidiendo o saboteando la consolidación de un proceso que ha sido aprobado por la mayoría del país.
En este aspecto, las delincuentes comunes que se resisten a amalgamarse en una sociedad productora, son parangonables con los delincuentes políticos y económicos, empeñados en defender un estado de cosas que no puede seguir ya en vigencia.
También en este aspecto resulta tan perniciosa para la Nación la subsistencia de pretensiones liberales injustas, como la acción dé los grupos de ultraizquierda o derecha, que en los países hermanos contribuyen entre sí para abortar las posibilidades de una política popular. Nadie podrá negar que ahora las leyes se apoyan indiscutiblemente en el consenso mayoritario y, por tanto, no existe argumento alguna que justifique su incumplimiento. Sólo el acatamiento estricto de la ley nos hará realmente libres, pero el acatamiento deberá ser parejo, como parejas habrán de ser las sanciones, a quienes pretenden seguir imponiendo sus convivencias sectoriales por encima de las necesidades auténticas de la comunidad.
Las leyes emanadas del gobierno del pueblo, elaboradas por los representantes del pueblo, habrán de regir la convivencia argentina, asegurar los derechos de todos para frenar a cualquier acción ilícita y por lo tanto antinacional y antipopular. Sólo de esa manera se garantizará la paz y la unidad de los argentinos, y se cimentan las bases sobre las cuales las nuevas generaciones, nuestra maravillosa juventud, irá produciendo el indispensable trasvasamiento que la acercará al futuro y el logro de sus mejores destinos.
Esa juventud comprende que la etapa de la lucha ha sido superada, y hoy el campo de batalla se centra en la reconstrucción hacia la liberación de la patria y la realización integral del pueblo. Este es el pensamiento de la clase trabajadora organizada.
Debemos lograr el robustecimiento de la unidad latinoamericana y del Tercer Mundo, contra toda forma de imperialismos, la subordinación a las centrales continentales o internacionales, quienes sirven a la política imperialista de cualquier signo.
La reconstrucción de la Patria es una tarea común para todos los argentinos, sin sectarismos ni exclusiones. La liberación será el destino común que habremos sabido conquistar, con patriotismo, sin egoísmos, abiertos mentalmente a una sociedad nueva, para una vida más justa, para un mundo mejor".
