Las inclinaciones corporativas y antisemitas del general José Félix Uriburu la llevaron a acercarse a un grupo de intelectuales de izquierda entre los que se contaban Leonidas Barletta y Alvaro Yunque, y en 1934 ingresó al comunismo.
Para entonces ya había trabajado en un taller textil, era maestra de música y concentró su actividad militante primero en solidaridad con los presos políticos, y luego en el Socorro Rojo Internacional.
Casada en 1936 con Bernardo Edelman, dirigente del gremio de la construcción que había liderado una huelga de albañiles, realizó colectas a favor de la República Española y en septiembre de 1937 fue movilizada por el PC junto a su marido a Valencia, para participar de la defensa republicana.
En mayo de 1938 regresó a la Argentina convertida ya en una figura femenina conocida en el ámbito internacional, y particpó de movimientos de apoyo a la Unión Soviética, China, Cuba, el gobierno socialista del chileno Salvador Allende y la revolución sandinista en Nicaragua.
En 1972, en representación de la Unión de Mujeres Argentinas, asumió la conducción de la Federación Democrática Internacional de Mujeres, desde donde realizó actividades en América latina, Asia y Africa en defensa de los derechos de género, e impulsó el Año Internacional de la Mujer y el Encuentro de la ONU en Nairobi en 1975.
También llevó ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra en 1978 el testimonio de cientos de familiares y víctimas del terrorismo de Estado en la Argentina.
En el curso de su extensa vida conoció y trató con una gran variedad de figuras, desde Antonio Machado y Miguel Hernández, hasta los líderes soviéticos y del comunismo chinos, al Che Guevara y a Fidel Castro.