Sin embargo, criticó "la corrupción y el clientelismo" de la gestión de Menem. Y opinó que la pérdida de apoyo popular y la oposición de los sindicatos, del peronismo, y hasta del propio radicalismo, hicieron abortar en su momento el modelo del alfonsinismo que, en su consideración, se había propuesto acabar con el ciclo populista en la Argentina.
Del alfonsinismo del '83 también dijo que fue el último intento de crear un sistema de partidos en la Argentina, ante la necesidad del peronismo de entonces de organizarse como partido.
Sin embargo, según Sebreli, el año 2001 marcó el fin de ese corto romance entre el peronismo y el radicalismo.
El ensayista opina que la crisis argentina se explica también por la inexistencia de un partido conservador.
"Al no haberse podido conformar un partido conservador democrático y progresista, con Lisandro de la Torre, la clase económicamente dominante no se expresó políticamente, y se expresó a través de los golpes", opinó el autor de "Los deseos imaginarios del peronismo", que se definió como un "antigolpista, en todo sentido".
"Quedó entonces un solo partido, el radical, que no admite a los conservadores como interlocutores válidos, y que no se ve como partido, sino como movimiento. Y ese movimientismo es exacerbado hasta el paroxismo por el peronismo", analizó Sebreli, para quien 1983 fue, sin duda, una oportunidad perdida.