En una reunión de los consejos laborales de PSA, todos los representantes sindicales presentes votaron por dar una opinión favorable a la fusión.
"Permaneceremos vigilantes sobre el impacto social y esperaremos a tener una imagen más clara y detallada de las implicaciones del plan para las plantas, el volumen y cuánto trabajo se da a las fundiciones", dijo Franck Don, representante de una de las partes.
"No obstante, el proyecto tiene sentido en la forma que fue presentado, porque los dos grupos se complementan, tienen una buena salud financiera y, gracias al nuevo formato, seguirán teniendo un tamaño crítico, algo que hoy es vital en el negocio automovilístico", agregó.
La fusión ayudaría a las firmas a unificar recursos para cumplir con las nuevas y duras normativas de emisiones e invertir en vehículos eléctricos y de manejo autónomo, así como contrarrestar una amplia desaceleración en el mercado automotor.
Garantizar el apoyo de los poderosos sindicatos europeos será fundamental para la compañía resultante, que empleará a más de 400.000 personas y operará cientos de fábricas en todo el mundo.
El acuerdo generó preocupación en Alemania y Reino Unido, donde las plantas que fabrican las marcas Opel y Vauxhall sufrieron despidos en los últimos años, en el marco de una iniciativa de rebaja de costos.