La producción tabacalera se realiza en pequeñas plantaciones, que pueden ser de dos o tres hectáreas, para lo cual se utilizan agroquímicos que son nocivos para la salud de los cultivadores. “Tenemos en la zona el mayor índice de chicos con discapacidades, con parálisis cerebral porque nacieron de madres superintoxicadas”, dice Guerrero.
La colaboración entre el sector público, el privado y el tercer sector es una práctica que viene ganando terreno en Argentina creando economías basadas en el concepto de circularidad. Es decir que se genera un círculo virtuoso en el cual todos ganan. La colaboración entre el sector público, el privado y el tercer sector es una práctica que viene ganando terreno en Argentina creando economías basadas en el concepto de circularidad. Es decir que se genera un círculo virtuoso en el cual todos ganan.
Todo se recicla y sirve
“La cama del pollo, donde está el estiércol del pollo, es un excelente abono. Con eso se montó una pequeña fábrica de bocashi (abonos orgánicos) que sirven a los productores hortícolas. Luego hay una cooperativa hermana que produce alimento balanceado para alimentar a los pollos a partir de maíz y soja que cultivan otros productores que dejan el cultivo de tabaco de lado para producir estos alimentos”, relata Guerrero. Además, los residuos plásticos que surgen de todo el proceso son entregados para su reciclaje y fabricar postes y chapas para los galpones de cría.
Hacia el futuro cercano, el campo que no se utilice para la cría aviar será plantado con bambú, un biomaterial con muchísimas aplicaciones y es la base de una cadena de valor que hoy no existe en el país y que puede generar muchos puestos de trabajo digno dinamizando las economías regionales. Este proyecto lo desarrolla la Fundación Sustentarte