Miller dice que la tecnología ya está lista para transformar cómo trabaja y vive la gente, pero al público general eso lo tiene sin cuidado.
Para él, "agente de IA" no es un producto, es una etiqueta que la propia industria inventó para nombrar algo hacia adentro. Nadie afuera de la burbuja tecnológica pide un agente. La gente pide llegar a la oficina con la casa en orden, no saber qué hay un "harness" orquestando herramientas por detrás.
¿La visión de producto de la IA salió de una película?
Miller cuenta que, cuando su empresa evaluaba venderse el año pasado, se reunió con líderes de casi todos los laboratorios de IA relevantes.
Y que, salvo uno, todos describieron su visión de producto citando la misma referencia: Her, la película de 2013 sobre un hombre que se enamora del asistente de voz de su computadora.
Que una industria entera use como norte una fantasía de ciencia ficción sobre una IA romántica dice más de su falta de contacto con el usuario real que cualquier encuesta de adopción.
Es groupthink puro, y explica por qué tantos productos de agentes se sienten como una demo hecha por y para gente que ya está convencida, no como algo pensado para quien abre la laptop a las nueve de la mañana con ganas de resolver el día.
¿Hay algún caso que sí esté funcionando?
La función más popular que tuvo Dia, el navegador con IA de The Browser Company, es un resumen personalizado que aparece al abrir la laptop: un saludo, la lista de tareas del día armada con datos del calendario y el mail, y algún contenido pensado para arrancar de mejor humor, como una obra de arte.
Técnicamente, eso lo hace posible un agente de IA. Pero al usuario no le hace falta saberlo. Ahí está la clave que el resto de la industria parece estar salteándose, el agente funciona mejor cuando desaparece detrás del resultado.
La tecnología resuelve un problema inventado
La tendencia que más está creciendo hoy es la de agentes que arman software a medida. Presentaciones, bases de datos, automatizaciones puntuales.
Son herramientas genuinamente más útiles que sus antecesoras, pero siguen dependiendo de un perfil de usuario acotada, es decir gente con ganas y tiempo de construirse sus propios sistemas.
Miller, que además de Arc fundó Branch, comprada por Facebook en 2014, y fue el primer director de producto de la Casa Blanca durante el gobierno de Obama, no está diciendo que haya que abandonar la tecnología.
Está diciendo que hace falta una idea de producto que todavía no apareció, y que mientras eso no pase, los agentes van a seguir siendo una promesa técnica sin traducción real en la vida de nadie.
Si ni OpenAI ni Anthropic, los dos laboratorios con más capital, más talento y más modelos de punta, lograron todavía convertir a los agentes en algo que la gente común pida usar, ¿el problema es realmente de adopción, o es que toda la industria está resolviendo un problema que se inventó a sí misma?
Mientras Silicon Valley debate cómo se llama esto que construyó, la mayoría de la gente sigue esperando, sin saberlo, un producto que todavía no le ofrecieron.
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