Hoy? Cinco horas con IA.
El caso más concreto es el de Inglaterra. La selección usa inteligencia artificial para analizar lanzadores de penales rivales. Eso puede ser la diferencia entre llegar preparado o no a una definición por penales que te deja afuera del torneo.
Uruguay, bajo la conducción de Marcelo Bielsa, solía destinar 300 horas al análisis de un próximo rival. Hoy ese proceso se puede automatizar. Analysts pueden preguntarle al sistema cuántas veces una jugada específica derivó en un gol, en qué contextos ocurrió, qué hacía la defensa rival en esos momentos. Cada pregunta abre una nueva capa de información.
Pero la aplicación de la IA va más allá del análisis táctico. Algunas federaciones ya usan herramientas para seleccionar directores técnicos: los algoritmos analizan las opciones disponibles en el plantel e identifican qué perfil técnico se adapta mejor a esos jugadores. También se usa para definir la convocatoria según los rivales en la fase de grupos.
Curazao y el "diaspora tracking": cómo un país de 159.000 habitantes llegó al Mundial
Uno de los casos más sorprendentes es el de Curazao, la isla caribeña de apenas 159.000 habitantes que se convirtió en la nación más pequeña en clasificar a un Mundial. Lo hicieron usando datos.
El método, llamado diaspora tracking, consiste en mapear la ascendencia de personas nacidas en otros países para identificar jugadores elegibles. Usando datos geoespaciales, organizaron viajes de scouting y pruebas. El resultado: solo uno de los 26 jugadores de la selección nació en Curazao. El resto nació en los Países Bajos.
Es un ejemplo de cómo la tecnología puede compensar limitaciones que antes parecían insalvables: sin presupuesto para grandes cuerpos técnicos, un país pequeño encontró su propia ventaja usando datos que ya existían pero que nadie había organizado de esa forma.
La carrera por la inteligencia artificial también abrió un nuevo debate: quién puede pagar la mejor tecnología.
La FIFA intervino para que no sea solo una ventaja de los ricos
El problema con esta carrera tecnológica es obvio: no todas las selecciones pueden permitirse equipos de científicos de datos, desarrolladores de software y analistas especializados. Inglaterra los tiene. La mayoría de las selecciones no.
La FIFA lo reconoció y construyó su propia herramienta: Football AI Pro, un agente de inteligencia artificial disponible para todas las selecciones del torneo.
Funciona como una interfaz de chat, similar a ChatGPT, donde los entrenadores pueden hacer preguntas sobre rivales y recibir análisis detallados. Los partidos se recrean en tres dimensiones, permitiendo ver jugadas desde ángulos que antes eran imposibles.
"Vemos como nuestra tarea proporcionar tecnología a todos los equipos, para que todos tengan acceso y puedan usarla de forma simple sin necesitar expertos adicionales, porque no todos pueden permitírselo", dijo Johannes Holzmüller, director de innovación de la FIFA, a Wired.
Pero la herramienta gratuita de la FIFA es el piso, no el techo. Una selección con un departamento de datos propio, herramientas externas y analistas especializados sigue teniendo una ventaja enorme. "Eso es lo mínimo que podemos hacer", admitió el propio Holzmüller.
Wired le preguntó a Holzmüller algo obvio: si la brecha tecnológica sigue creciendo, ¿la FIFA regulará qué herramientas pueden usar?
Su respuesta: "Es una gran pregunta. Si esto va a ser regulado de alguna manera, eso no es para responder hoy."
La respuesta dice más de lo que parece. La FIFA está dispuesta a dar acceso básico a todos, pero no está lista para limitar a los que pueden ir más lejos.
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