Por un lado, está desarrollando Amazon Leo, una red de satélites de banda ancha similar al modelo de Starlink con terminales en tierra, que espera comenzar a operar a finales de este año aunque acumula retrasos en el lanzamiento de sus naves.
Por otro, en enero anunció la compra de Globalstar por 11.600 millones de dólares, una operación que le daría derechos sobre espectro radioeléctrico capaz de transmitir datos directamente a teléfonos.
También tiene un acuerdo con Apple para proveer servicios satelitales a iPhones y Apple Watches, y alianzas con Vodafone y DirecTV para que esas empresas ofrezcan servicios basados en satélites a sus propios clientes.
La red de conexión directa a dispositivos que solicitó esta semana es la pieza que completa ese rompecabezas, que permite llegar al teléfono del usuario final sin depender de operadores terrestres. Amazon prevé comenzar el despliegue en 2028.
Qué cambia frente a Starlink
La conectividad satelital directa a dispositivos es una tecnología con implicaciones que van mucho más allá de conectar zonas remotas.
Significa que cualquier dispositivo móvil podría tener cobertura en cualquier punto del planeta, independientemente de si hay infraestructura de telecomunicaciones local.
Eso cambia la ecuación para los operadores de telefonía tradicionales, para los servicios de emergencia, para la logística, para cualquier aplicación que dependa de conectividad constante.
AST SpaceMobile, una empresa texana que también desarrolla redes de este tipo, ya tiene acuerdos con Verizon y AT&T.
El mercado se está llenando de competidores, pero Amazon y SpaceX son los únicos con la escala, el capital y la infraestructura de lanzamiento para operar redes de miles de satélites.
La tensión entre ambas empresas tiene además una dimensión personal conocida. Jeff Bezos fundó Blue Origin precisamente para competir con SpaceX de Elon Musk en el acceso al espacio. Esa rivalidad, que comenzó en cohetes, se está extendiendo ahora a quién controla la infraestructura de conectividad orbital.
Lo que está en juego no es solo quién vende internet satelital. Es quién controla la capa de conectividad que va a existir sobre cualquier punto del planeta. Y esa posición, una vez establecida, es muy difícil de desplazar.
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