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El gran salto de Red Bull

Félix Baumgartner, con la planificación y tecnología exhibida, es la nueva victoria de Red Bull, quien además compite por ganar por 4ta. vez la temporada de F-1.



CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Red Bull ha invertido 50 millones de euros en la aventura de Félix Baumgartner, inversión totalmente amortizada después del 'mega spot' de difusión global de 4 horas de duración para una audiencia televisiva que admiraba la proeza del hombre que terminó rompiendo la velocidad del sonido.

Red Bull, al igual que Zenith, creyeron en ese sueño de Baumgartner de romper la barrera del sonido tras lanzarse desde mas de 39.900 metros de altitud.

En el caso de Red Bull, la mayor empresa de bebidas energéticas del mundo, ha vinculado su imagen a conceptos como 'aventura', 'riesgo' o 'extremo'. La estrategia de marketing de la empresa no consiste en enfatizar las ventajas de su producto, sino en potenciar su marca, objetivo que logró con el Red Bull Stratos, de Baumgartner, mientras en la F-1 Red Bull tiene grandes posibilidades de ganar una 4ta. temporada.

Red Bull no es un invento del austríaco Dietrich Mateschitz, pero gracias a la comercialización de la bebida él se convirtió en un millonario. Mateschitz, junto al tailandés Chaleo Yoovidhya, supieron adaptar la Krating Daeng, originaria de Tailandia, al gusto occidental para convertirla en la bebida energética de referencia. El otro gran aporte que él hizo fue la reinvención del marketing (su especialidad como vendedor) para crear una de las imágenes de marca más sólidas del mundo.

Red Bull Energy Drink no es una bebida para quitar la sed, sino que su consumo se lo vincula a la alta exigencia física y mental, aunque muchos de sus consumidores acostumbran a beberlo mezclado con bebidas alcohólicas, lo que puede ocasionar problemas de salud.

Red Bull consiguió crear una nueva forma de promoción, el multipatrocinio en deportes extremos, actividades que alcanzan a universos minoritarios pero que, de manera conjunta, puede producir resultados interesantes: mountain bike, windsurf, Formula 1, skate, parkour, wakeboard, escalada, paracaidismo y esquí extremo. Al patrocinar a tantos deportes diferentes de segmentos específicos, crecen las probabilidades de que alguno de ellos tenga repercusión en los medios, que siempre es el objetivo de la inversión publicitaria.

En el caso de Baumgartner, fue una apuesta sofisticada.

El presidente del español Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Emilio Lora-Tamayo, dijo que el salto de Baumgartner es "más que una imagen", y que para conseguirlo ha llevado "al límite mucho de lo desarrollado en la investigación y tecnología aeroespacial", además de "un gesto de valor que nos asombra".

Pero Red Bull se encuentra apostando hace tiempo por la tecnología de punta, y la demostración es su travesía exitosa por la F1, en la que desembarcó comprando la escudería Jaguar Racing en US$ 110 millones cuando a fines de 2004, Ford Motor Company anunció su retirada de la máxima categoría de automovilismo. Y también se apropió de la que hoy día se llama Toro Rosso ("Red Bull" traducido al italiano).

Un dato no menor es que a Dietrich Mateschitz no le tiembla el pulso cuando hace una apuesta. Cuando le dijeron que para su escudería en la F1 la clave era contratar a Adrian Newey, segun cuenta el jefe del equipo, Christian Horner, él llamó para comunicarle la ambición del ingeniero: un salario "10 veces superior" al del mercado, Mateschitz se limitó a un "Hummmmmm...", dudó unos segundos al teléfono, y respondió: "OK …vamos a hacerlo", ante la sorpresa del propio Horner.
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Los bólidos de Red Bull RB8 lucen más veloces que los de Ferrari, por ejemplo; o que los de Mercedes o McLaren. Y con alardes tecnológicos como el 'doble DRS'. Ni Ferrari ni McLaren lo han introducido, que se sepa. Lotus tuvo que renunciar a la innovación ante su incapacidad para desarrollarlo.

Stratos

En el caso de Baumgartner, Red Bull ha insistido en que la tecnología puede servir a los astronautas de cara a futuros rescates a gran altura. "Recoger datos científicos", aseguraban en sus comunicados, "que ayuden a mejorar la seguridad de los viajes espaciales, y que permitan el desarrollo de procedimientos de escape de una nave espacial que esté a gran altitud". La idea era que el traje de Baumgartner pudiera servir para un grupo de astronautas en apuros en una nave en viaje suborbital.

Sin embargo, muchos creen que el gran aporte de Baumgartner fue... al marketing de Red Bull.

Durante muchos años, la NASA estudió distintos sistemas de evacuación para sus astronautas, pero  los descartó por inseguros o impracticables. En los años '60 General Electric desarrolló su proyecto MOOSE, para traer astronautas desde la órbita con un escudo térmico. En los '90, la NASA probó el X-38 CRV, un vehículo para traer de regreso a la Tierra a los tripulantes de la Estación Espacial Internacional (ISS), aunque lo abandonó por falta de dinero.

La diferencia entre esos proyectos y el salto de Stratos está en la altitud desde la que se pretendía evacuar. "La NASA nunca ha contemplado una posibilidad como ésta", explica Carlos González, quien fuera jefe de operaciones de la NASA en España, "sencillamente porque no envía a sus astronautas a 39 kilómetros: los envía a 238 kilómetros. No hay misiones a esa altura".

Traer a la tripulación desde la ISS, a 400 km de altitud, por ejemplo, es una tarea impensable, pues no solo está 10 veces más lejos, sino que tendrían que atravesar capas de la atmósfera que están a 1.500º C de temperatura, aunque debido a la baja densidad lo que produciría el calor sería el rozamiento.

En cuanto a la tecnología del traje, está inspirada en la que ya usan los pilotos de pruebas de la fuerza aérea. "La NASA y la USAF, y la ex URSS, ya experimentaron en su época con todo tipo de saltos a gran altitud", dijo el astrofísico Daniel Marín. "Lo mismo en cuanto a los trajes de presión. Cualquier traje espacial, o los trajes de los pilotos de un U2 o un SR-71 son igualmente elaborados que el de Baumgartner".

"Es cierto que el traje de Red Bull aporta más movilidad", refutó González, "pero no está preparado para soportar la radiación fuera de la atmósfera. A más distancia necesitas un traje que te proteja del sol y eso requiere muchas más capas, y por tanto más peso y menor movilidad".

"Hay que reconocer el mérito de Baumgartner", insistió González. "Ha batido tres récords impresionantes... pero de ahí a que se diga que va a servir para hacer rescates espaciales hay un trecho".

"Las aplicaciones prácticas de esta prueba son muy limitadas", asegura Marín, "así que bien podríamos decir que es más marketing (o afán de superación, que queda mejor) que otra cosa".
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Sin embargo, lo de afán de superación es lo que precisa la imagen de marca de Red Bull: de eso se trata. La historia de la civilización se construyó sobre el esfuerzo, el arrojo de seres humanos decididos a superarse. Por lo tanto, lo que Red Bull buscó es lo que consiguió.

El esfuerzo

Un salto al vacío de 15 minutos, 5 de ellos en caída libre, con velocidades de más de 1.100 kilómetros por hora y temperaturas de 68ºC bajo cero, supone someter al organismo a unas condiciones extremas que pueden ser fatales.

Los riesgos empiezan ya con el ascenso en globo hasta la cota de 36.576 metros. A los 19 kilómetros se cruza la llamada línea de Armstrong, a partir de la que la presión atmosférica es tan baja que el agua se evapora.

Jonathan Clark, jefe médico de la Misión Estratos, explicó en la TV pública austríaca ORF que la baja presión implica riesgos tales como que los gases acumulados en el cuerpo se expandan (por eso el saltador evitó los alimentos con fibra antes de la misión) o se produzca una embolia por la formación de burbujas en el riego sanguíneo.

Para evitar problemas, Baumgartner contó con un traje presurizado que, aparte de proteger de las bajas temperaturas, mantuvo estable la presión alrededor del cuerpo del austríaco.

El traje, sin embargo, difiere de los usados por los pilotos de avión, ya que dejó al austríaco suficiente movilidad y visibilidad para poder moverse y "bucear" en el aire durante su caída.

Tras saltar al vacío, el cuerpo de Baumgartner tardó unos 30 segundos en alcanzar 1.110 kilómetros por hora, lo que a esa altura le permitió romper la barrera del sonido.

Esa enorme aceleración fue uno de las mayores preocupaciones del equipo de la misión, ya que se sabe que la colisión de ondas de choque puede alterar o incluso romper objetos.

Pero durante un descenso de 15 minutos de duración total pudieron pasar más cosas, como que Baumgartner perdiera el control y la caída libre degenere en una caída en barrena o en espiral.

En ese caso, si el eje de rotación se hubiera fijado en los pies, la acumulación de sangre pudo provocar que el austríaco pierda el sentido. Si la sangre se desplazaba a la cabeza, el peligro era mayor, con posibles hemorragias cerebrales y en los ojos.

Si se daba esa situación, Baumgartner contaba con un paracaídas que se abriría automáticamente para estabilizar la caída si la barrena dura demasiado tiempo o es demasiado intensa.

Pero un aterrizaje descontrolado o demasiado violento; o la intensidad de la radiación ultravioleta o incluso que una apertura prematura del paracaídas ralentizara el descenso al punto de que al saltador se le acabe el oxígeno, fueron otros riesgos de la misión Red Bull: es lo que esperaba como patrocinante.
 

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