Signos ante el próximo aniversario de la Declaración de Balfour y la cuestión del Estado de Israel
Se acerca el aniversario de la Declaración Balfour, la Nakba palestina , la ocupación israelí, los acuerdos de Oslo y la división entre palestinos, las realidades sobre el terreno empeoran, las ramificaciones de estos trágicos acontecimientos se afianzan y la justicia y la paz se alejan cada vez más. Dadas estas trayectorias políticas y los nuevos órdenes globales, regionales y locales, un debate sobre cómo poner fin a la ocupación israelí que comenzó en 1967 parece muy lejano ante el panorama actual de recrudecimiento del conflicto devenido en añosa guerra que pareciera no tener fin.
Recordemos que la Declaración Balfour es el documento que dio el espaldarazo internacional al sionismo político y que culminó, 30 años después, en la Resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (29 de Noviembre de 1947) por la que se pretendía dividir la Palestina histórica en dos estados, uno árabe y otro judío.
La Declaración fue una carta que el entonces Secretario del Foreign Office y anterior primer ministro Lord Arthur James Balfour envió al barón Lionel Walter Rothschild, líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, para transmitirle el apoyo del gobierno británico al "establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, en el entendido de que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país”.
Aunque no tuviera efecto legal alguno, el Imperio británico, la principal potencia de principios de siglo XX, reconocía mediante esta misiva el vínculo milenario entre el pueblo judío y la tierra de Israel, y veía, favorablemente, el nacimiento de un hogar nacional para los judíos en un territorio que iba a estar administrado por la misma Corona británica hasta 1948. Como gesto político tuvo, para los sionistas, un valor incalculable. En cada palabra de la carta del canciller Balfour descansa el proyecto de Theodor Herlz —fundador del Sionismo político que falleció en 1904— para que la comunidad internacional reconociera el derecho de los judíos a tener un Estado-Nación.
Con la carta enviada al barón Rothschild, el Imperio británico reconocía el derecho de autodeterminación del pueblo judío y, en suma, tomaba nota de una realidad inmutable y la aceptaba: que no puede entenderse a los judíos sin Israel ni a Israel sin los judíos.
Gran Bretaña jugó un papel ambivalente y, en ocasiones oscuro, en los territorios que administraba en Oriente Medio. En efecto, los británicos, junto a los franceses, no cumplieron lo convenido en el Acuerdo Sykes-Picot (firmado en mayo de 1916) según el cual se crearían tres grandes estados (uno árabe con capital en Damasco, otro cristiano en Líbano y otro judío en la Palestina histórica) y, mediante el uso de escuadra y cartabón, dibujaron fronteras en donde antes no las había.
En 1922, bajo la supervisión de la Liga de Naciones, los británicos entregaron el 80% del territorio conocido como Palestina (histórica), al que hace referencia Balfour, a la dinastía hachemí, y así nació la actual Jordania.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Mandato Británico publicó el Libro Blanco en virtud del cual limitaba la inmigración de los judíos que escapaban del régimen nazi.
En la citada Resolución 181, en la que Gran Bretaña se abstuvo, el territorio que el Plan de Partición otorgaba a los judíos era sólo una sexta parte de la que reclamaban en 1917.
Seis meses más tarde, el 14 de mayo de 1948, el Alto Comisionado de su Majestad para Palestina, Allan Cunningham, arrió la Union Jack en el puerto de Haifa y abandonó a los judíos a su suerte.
Ese mismo día, ocho ejércitos árabes (Siria, Egipto, Transjordania, Líbano, Yemen, Irak, Arabia Saudí y el Ejército Árabe de Liberación) declaraban la guerra al recién nacido Estado judío. Oriente Medio ha sido desde entonces una zona inestable, plagada de tiranías y cuna de fanatismos religiosos.
¿Israel será la excepción?
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