La demanda de asistencia creció durante toda la madrugada y, hasta las 7:00 del domingo, el 112 había recibido 5.156 llamadas, mientras los bomberos ya superaban el millar de salidas, principalmente por inundaciones y rescates, según EFE. Ese balance, correspondiente a las primeras horas de la jornada, muestra cómo el trabajo de los equipos continuaba después del golpe inicial de las tormentas. Las intervenciones se extendían por una zona donde las viviendas anegadas y las crecidas exigían atender situaciones simultáneas, mientras las autoridades evaluaban los daños y mantenían la vigilancia sobre la evolución meteorológica.
La excepcionalidad de las condiciones había llevado a advertir sobre la posible formación de un huracán mediterráneo, aunque Meteocat aclaró este domingo que el sistema no llegó a convertirse en ese fenómeno, según la misma agencia. El episodio mantuvo, de todos modos, una capacidad destructiva evidente y avanzó hacia Girona, desplazando también el foco de los operativos. La mejora en algunos municipios abría así una etapa de limpieza y evaluación, mientras otros todavía afrontaban el paso de las precipitaciones y el peligro asociado a unos cauces que habían recibido grandes cantidades de agua en muy poco tiempo.
El peligro se concentra en los ríos y llega a las viviendas
La crecida del Besòs obligó a trasladar las advertencias directamente a los vecinos de Montcada i Reixac, Santa Coloma de Gramanet, Sant Adrià del Besòs y Barcelona, donde Protección Civil envió mensajes a los móviles para pedir que nadie se acercara al cauce. El río llegó a transportar 903 metros cúbicos por segundo, con una altura de 3,5 metros a su paso por Santa Coloma, y el aviso incluyó instrucciones para quienes vivían cerca: evitar sótanos y plantas bajas y subir a los pisos superiores si el agua alcanzaba los edificios.
La vigilancia también se extendió a sus afluentes, porque el aumento del caudal puede llegar desde distintos puntos de una misma cuenca y mantener la amenaza aun después de que disminuya la lluvia en un municipio. Según EFE, la Agencia Catalana del Agua (ACA) emitió una advertencia por el Ripoll, que superó el umbral de alerta a su paso por Montcada i Reixac. Ese seguimiento amplía el mapa de la emergencia hacia cursos menos conocidos que el río principal, pero cuya evolución resulta decisiva para las poblaciones situadas aguas abajo.
En el litoral de Girona, los avisos por el Ridaura y el Daró llevaron a pedir a la población de las zonas próximas que se protegiera dentro de los edificios, mientras Calonge i Sant Antoni recibió otro mensaje específico por el riesgo de desbordamiento de sus rieras. La Vanguardia, remarca que esa comunicación se envió a las 12:30 e indicó que, si entraba agua, los vecinos debían subir a las plantas superiores. La respuesta se concretaba así por localidades y cauces, con instrucciones para actuar ante una amenaza inmediata, más allá de la advertencia general sobre las tormentas.
Ese riesgo hidrológico explica por qué la recuperación de la movilidad avanza a diferentes velocidades. Según Europa Press, el Govern mantuvo las limitaciones en el Empordà por las condiciones de los ríos, mientras liberaba otras zonas del territorio. La diferencia responde a lo que ocurre sobre el terreno: que deje de llover o se levante una restricción general no garantiza que los accesos próximos a una riera, los pasos bajos o los alrededores de un cauce vuelvan a ser seguros, de ahí la necesidad de atender los avisos específicos de cada municipio.
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