El temporal en Cataluña deja dos muertos: las tormentas golpean Barcelona y Girona

Buscan a una persona desaparecida en Pineda de Mar tras las lluvias récord. Las crecidas mantienen el peligro y continúan las restricciones en parte de Girona.

El temporal en Cataluña deja al menos dos muertos y una persona desaparecida, después de una noche de lluvias torrenciales que inundó viviendas y complicó los desplazamientos en Barcelona, mientras el peligro se extiende hacia Girona y las crecidas obligan a mantener restricciones en parte del territorio este domingo.

Las víctimas mortales se registraron en Tordera y Montornès del Vallès, ambas localidades de la provincia barcelonesa. Según EFE, la primera falleció en un camping donde le habría caído un muro, mientras la segunda quedó atrapada en el aparcamiento de su vivienda. A esos episodios se suma la búsqueda de una persona desaparecida en la riera de Pineda de Mar, donde los servicios de emergencia mantienen un operativo mientras evalúan las consecuencias de las inundaciones.

La intensidad del agua dejó registros extraordinarios y una emergencia que continúa aun donde las precipitaciones empiezan a disminuir, porque los ríos mantienen caudales peligrosos y persiste la posibilidad de nuevos aguaceros. La Generalitat levantó las limitaciones en buena parte de las comarcas afectadas, aunque las restricciones de movilidad y actividades en el Alt y el Baix Empordà se prolongaron hasta las 21:00. El presidente autonómico, Salvador Illa, pidió no bajar la guardia ante una mejora que todavía convive con riesgos durante la tarde y la noche.

Barcelona rompe récords y Granollers recibe 68 litros en media hora

La dimensión del aguacero queda reflejada en los 213 litros por metro cuadrado registrados en Can Bruixa, en el distrito barcelonés de Les Corts, una cifra que la directora del Servei Meteorològic de Catalunya, Sarai Sarroca, situó como el mayor acumulado diario entre las observaciones disponibles de la ciudad desde 1883. Según recoge RTVE, la estación del Raval sumó 193 litros, por lo que el episodio dejó registros extraordinarios en distintos sectores de la capital. La comparación histórica permite dimensionar una jornada en la que el agua alteró la vida cotidiana y obligó a concentrar los esfuerzos en atender sus consecuencias.

Fuera de la ciudad, Granollers contabilizó 248 litros por metro cuadrado, con 68 concentrados en apenas media hora, mientras Mataró alcanzó 244 y Cabrils, 232. Ese intervalo resulta especialmente significativo para entender la violencia del episodio, porque el volumen total describe solo una parte del problema: también importa la velocidad con la que llega el agua. Una descarga tan concentrada deja menos margen para reaccionar y ayuda a explicar la sucesión de avisos por inundaciones, rescates y evacuaciones que acompañó el temporal, con emergencias distribuidas entre diferentes municipios.

La demanda de asistencia creció durante toda la madrugada y, hasta las 7:00 del domingo, el 112 había recibido 5.156 llamadas, mientras los bomberos ya superaban el millar de salidas, principalmente por inundaciones y rescates, según EFE. Ese balance, correspondiente a las primeras horas de la jornada, muestra cómo el trabajo de los equipos continuaba después del golpe inicial de las tormentas. Las intervenciones se extendían por una zona donde las viviendas anegadas y las crecidas exigían atender situaciones simultáneas, mientras las autoridades evaluaban los daños y mantenían la vigilancia sobre la evolución meteorológica.

La excepcionalidad de las condiciones había llevado a advertir sobre la posible formación de un huracán mediterráneo, aunque Meteocat aclaró este domingo que el sistema no llegó a convertirse en ese fenómeno, según la misma agencia. El episodio mantuvo, de todos modos, una capacidad destructiva evidente y avanzó hacia Girona, desplazando también el foco de los operativos. La mejora en algunos municipios abría así una etapa de limpieza y evaluación, mientras otros todavía afrontaban el paso de las precipitaciones y el peligro asociado a unos cauces que habían recibido grandes cantidades de agua en muy poco tiempo.

El peligro se concentra en los ríos y llega a las viviendas

La crecida del Besòs obligó a trasladar las advertencias directamente a los vecinos de Montcada i Reixac, Santa Coloma de Gramanet, Sant Adrià del Besòs y Barcelona, donde Protección Civil envió mensajes a los móviles para pedir que nadie se acercara al cauce. El río llegó a transportar 903 metros cúbicos por segundo, con una altura de 3,5 metros a su paso por Santa Coloma, y el aviso incluyó instrucciones para quienes vivían cerca: evitar sótanos y plantas bajas y subir a los pisos superiores si el agua alcanzaba los edificios.

La vigilancia también se extendió a sus afluentes, porque el aumento del caudal puede llegar desde distintos puntos de una misma cuenca y mantener la amenaza aun después de que disminuya la lluvia en un municipio. Según EFE, la Agencia Catalana del Agua (ACA) emitió una advertencia por el Ripoll, que superó el umbral de alerta a su paso por Montcada i Reixac. Ese seguimiento amplía el mapa de la emergencia hacia cursos menos conocidos que el río principal, pero cuya evolución resulta decisiva para las poblaciones situadas aguas abajo.

En el litoral de Girona, los avisos por el Ridaura y el Daró llevaron a pedir a la población de las zonas próximas que se protegiera dentro de los edificios, mientras Calonge i Sant Antoni recibió otro mensaje específico por el riesgo de desbordamiento de sus rieras. La Vanguardia, remarca que esa comunicación se envió a las 12:30 e indicó que, si entraba agua, los vecinos debían subir a las plantas superiores. La respuesta se concretaba así por localidades y cauces, con instrucciones para actuar ante una amenaza inmediata, más allá de la advertencia general sobre las tormentas.

Ese riesgo hidrológico explica por qué la recuperación de la movilidad avanza a diferentes velocidades. Según Europa Press, el Govern mantuvo las limitaciones en el Empordà por las condiciones de los ríos, mientras liberaba otras zonas del territorio. La diferencia responde a lo que ocurre sobre el terreno: que deje de llover o se levante una restricción general no garantiza que los accesos próximos a una riera, los pasos bajos o los alrededores de un cauce vuelvan a ser seguros, de ahí la necesidad de atender los avisos específicos de cada municipio.

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