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Los ratones sometidos a terapia de células senescentes tuvieron una esperanza de vida un 36% mayor.
Los estudios en ratones han demostrado que eliminar las células senescentes puede ayudar a los ratones a vivir más tiempo y mantener sus capacidades físicas. Los ratones tratados vivieron, en promedio, un 36% más que los ratones que retuvieron células senescentes.
Además, los ratones viejos que recibieron un fármaco que reduce la cantidad de células senescentes pudieron sobrevivir significativamente más al COVID-19 que los ratones viejos que no recibieron el fármaco.
Si bien estos resultados son prometedores, la aplicación en humanos todavía son una pregunta abierta para los científicos.
Algunas primeras pruebas de medicamentos que reducen las poblaciones de células senescentes se dirigen a enfermedades específicas, como la degeneración macular relacionada con la edad, el glaucoma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
Si finalmente es posible reducir aún más los efectos del envejecimiento durante las próximas décadas, habrá importantes implicancias políticas.
Más longevidad podría significar que las personas mayores experimenten períodos más prolongados de dependencia de sus familias o del gobierno, aumentando los costos médicos y de jubilación.
Las poblaciones podrían mantenerse más saludables durante más tiempo, lo que puede requerir un aumento de la edad de jubilación.
A medida que esta investigación sobre la longevidad humana evoluciona, es importante que los responsables de la formulación de políticas consideren las implicaciones fiscales, legales y médicas de prolongar la esperanza de vida humana.
Fragmentos de un artículo publicado por la Federation of American Scientists.