De hecho, en los últimos 10 años, la industria de los robots sexuales ha dejado de ser algo extraño. En Barcelona, por ejemplo, se inauguró el primer burdel de muñecas sexuales, mientras que las empresas asiáticas que fabrican 'robots de consuelo' ganan hasta 150.000 dólares al mes.
Aunque se trata de una tecnología aún incipiente, los robots sexuales ya están programados con inteligencia artificial y están equipados con sensores corporales que responden al tacto. Incluso se pueden personalizar para que se parezcan a la persona deseada: un ex o un amor platónico.
Ya existen robots sexuales capaces de realizar hasta 50 posiciones automáticas; otros cuentan incluso con habilidades conversacionales. Además, se espera que entrada la década de 2020 los robots sexuales ya puedan adquirir habilidades de paseo, para ser incluidos como acompañantes en eventos sociales.
En abril de 2017, un ingeniero chino de inteligencia artificial, Zheng Jiajia, de 31 años, se casó con un robot que él mismo construyó después de no haber encontrado una esposa humana.
Sin embargo, debe saber que los digisexuales, no solo se fijarán en robots y disfrutarán de tener sexo con ellos, también formarán intensas conexiones con sus asistentes personales como Siri de Apple y la pornografía en 360 grados que ya es popular en la red. En la medida en que la demanda por robots con capacidades de simulación emocional crezca, también aumentará la oferta de productos diseñados con este fin, auguran los especialistas.
Ya hay polémica:
Los robots sexuales ofrecerán a sus amantes la oportunidad de vivir cualquier fantasía, sin importar qué tan enferma o inquietante sea. Ya hay una robot sexual llamada ‘Frigid Farrah’ que permite a los hombres simular una violación diciendo ‘no’ cuando alguien la toca.
Uno de los autores del informe de la Fundación para la Robótica Responsable, Noel Sharkey, lo ha justificado diciendo que es mejor violar robots que violar a personas reales. Mientras que Laura Bates, activista y fundadora del proyecto Everyday Sexism, cree que esto solo alentará más a los violadores.
Según Bates, dotar de esta función a las robots sexuales solo sugiere que la violencia masculina contra las mujeres es innata e inevitable, y solo puede mitigarse, no prevenirse.
“ No solo es insultante, cambia por completo la responsabilidad de enfrentar estos crímenes, al tiempo que crea impunidad para los perpetradores. Hacer que tal solución esté disponible es arriesgarse a normalizar la violación dándole una cara públicamente aceptable”, afirmó a NY Times.