A la mitad del estudio, publicado en Pediatrics, los niños -todos de entre 9 y 12 años y con sobrepeso- tuvieron la posibilidad de elegir un segundo juego de la misma categoría que el primero.
Baranowski y su equipo hicieron un seguimiento durante 13 semanas, examinando sus niveles de actividad física con un dispositivo de medición denominado acelerómetro.
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Los participantes usaron los dispositivos en un cinturón en diferentes períodos de la semana durante el estudio, lo que permitió al equipo determinar cuándo hacían ejercicio ligero, moderado a vigoroso o cuándo eran sedentarios.
Los registros del acelerómetro mostraron que durante el período de estudio, los niños con juegos activos no hicieron más ejercicios que los que usaron juegos inactivos.
En las semanas uno, seis, siete y 12, el grupo de niños con videojuegos activos realizó un promedio de 25 a 28 minutos de actividad física moderada o vigorosa al día, comparado con entre 26 y 29 minutos para el grupo que recibió videojuegos inactivos.
Tampoco hubo ninguna diferencia en el tiempo que estuvieron haciendo ejercicio ligero o en el que fueron sedentarios durante las semanas estudiadas por los investigadores.