Eso quiere decir, explica el diario La Vanguardia, que el SARS-CoV-2 lleva bastantes décadas circulando entre murciélagos, no detectado.
Según Boni dijo a SINC, el escenario más probable es que un virus de una población de murciélagos de la provincia de Yunnan, en el sureste de China, "de donde proceden los virus con parentesco más próximo" al SARS-CoV-2, haya saltado directamente a los humanos, aunque no descarta que haya habido otro animal intermedio.
Descartado por muchos otros expertos un posible origen artificial del virus, Boni también considera "improbable" que el SARS-CoV-2 se haya escapado de un laboratorio: “Si el virus hubiera escapado de un entorno de laboratorio, los primeros individuos afectados habrían sido los empleados del centro y sus familias”, comenta. “No vimos esto en los 44 casos originales de finales de diciembre de 2019”.
Los autores del estudio alertan que el próximo coronavirus que afectará al humano podría estar ya circulando entre murciélados.
"Es muy probable que haya muchos otros linajes que nadie conoce, porque nadie ha tomado pruebas, circulando silenciosamente entre los murciélagos", dijo Boni, según el Philadelphia Inquirer. "Potencialmente todos ellos podrían tener la habilidad de infectar células humanas."
Rastrear los árboles genealógicos de los virus es un desafío, dado que los microbios mutan e intercambian porciones de sus genomas de manera que vuelve muy difícil saber qué pasó cuándo. Los coronavirus tienden particularmente a esta clase de recombinaciones, en parte porque un murciélago puede llevar varios tipos al mismo tiempo. Un virus puede fácilmente tomar fragmentos del código genético de otros virus presentes en el mismo murciélago.
Los científicos, sin embargo, han identificado 3 regiones genéticas en los coronavirus que parecen haber permanecido intactas durante décadas. Los autores destacan la necesidad de disponer de un sistema de vigilancia de enfermedades humanas en tiempo real que "rápidamente" pueda identificar y clasificar patógenos.