Vecinos de Derio registraron desde sus casas el resplandor del incendio que encendió la alarma en los alrededores del Aeropuerto de Bilbao.
FOTO: RECORTE / X
En este caso hubo un factor que jugó a favor de los equipos de emergencia: no soplaba viento fuerte, algo que, según las autoridades, evitó que las llamas se propagaran con mayor rapidez hacia viviendas o infraestructuras próximas. Por eso el incendio pudo quedar contenido durante la madrugada pese a su espectacularidad. La imagen, sin embargo, deja otra advertencia menos visible: el riesgo no depende únicamente de las grandes olas de calor, sino también del estado y del tipo de vegetación que rodea zonas urbanas, carreteras y aeropuertos.
Del récord de calor a las llamas: el verano que dejó a España bajo presión
Si bien el incendio de Derio fue contenido durante la madrugada y no dejó heridos, su aparición en pleno septiembre desvela que el riesgo no terminó con agosto. España llega al final del verano después de una temporada marcada por una combinación especialmente delicada de temperaturas extremas, sequedad prolongada y grandes superficies de vegetación disponibles para arder. Copernicus confirmó que Europa occidental acaba de atravesar el verano más cálido desde que existen sus registros, con una temperatura media de 21,69 °C, nada menos que 2,54 °C por encima del promedio 1991-2020. Para el conjunto del continente fue, además, el tercer verano más cálido de la serie.
España aparece entre los países donde ese escenario fue más extremo. La AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) contabilizó 61 días bajo condiciones de ola de calor en la Península y Baleares, frente a los 41 del anterior récord de 2022, lo que significa que aproximadamente dos de cada tres jornadas del verano estuvieron atravesadas por temperaturas excepcionalmente altas. La media nacional alcanzó los 24,5 °C, 2,4 grados por encima de lo habitual y tres décimas más que en 2025, hasta ahora el verano más cálido de la serie iniciada en 1961. Incluso septiembre arrancó con otra ola de calor de seis días que alcanzó a 16 provincias.
Imágenes compartidas en redes por habitantes de la zona muestran cómo se veía el fuego durante la noche en las cercanías de Loiu.
FOTO: RECORTE / X
El fuego acompañó esas temperaturas con números igualmente contundentes. Solo hasta el 17 de agosto, los incendios habían afectado 254.730 hectáreas en España y se habían contabilizado 6.685 siniestros, de los cuales 42 fueron considerados grandes incendios forestales, aquellos que superan las 500 hectáreas. El despliegue también refleja la dureza de la campaña: los medios aéreos del Estado acumulaban para entonces 8.753 horas de vuelo, un 78% más que durante el mismo período del año anterior.
Algunos focos alcanzaron dimensiones difíciles de imaginar desde un episodio como el de Derio. El incendio de Niebla, en Huelva, rozó provisionalmente las 39.821 hectáreas; el de Burgohondo, en Ávila, alcanzó 33.943, y el de La Mierla, en Guadalajara, otras 32.000. Son cifras que ayudan a entender por qué unas llamas visibles a cuatro kilómetros de un aeropuerto activan inmediatamente todas las alarmas: el fuego de Bilbao quedó controlado, pero apareció en un país que llega a septiembre después de meses comprobando hasta dónde puede escalar un incendio cuando coinciden calor, vegetación seca y condiciones favorables para su propagación.
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