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Juan Bustamante y Gustavo Frechtel.
Banquete
A medida que se ha ido descubriendo la trascendencia de los invitados al intestino humano, también incrementó el interés científico en comprender con profundidad sus capacidades, efectos y funciones dentro del ecosistema, específicamente en esclarecer la relación con las epidemias de enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la diabetes tipo 2 está caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre, que con el tiempo conduce a daños graves en el corazón, los vasos sanguíneos, los ojos, los riñones y los nervios. En todo el mundo, 422 millones de personas la padecen y, en Argentina, uno de cada 10 mayores de 18 años, según el Ministerio de Salud de la Nación.
“Hay estudios que mostraron diferencias en la composición de la microbiota en las personas con esta afección metabólica. Por ejemplo, tienen menos bacterias que producen butirato, que es un ácido graso de cadena corta con muchos beneficios para la salud. La ciencia pudo mostrar que también tienen aumentada la expresión de ciertos genes, es decir, que tienen prendidos algunos genes para estar más oxidados y más inflamados”, precisó Manuzza, que también es directora del curso Alimentación Basada en Plantas y Enfermedades Crónicas de la Facultad de Medicina de la UBA.
Anfitrión, según la Real Academia Española, fue un rey de Tebas reconocido por ser “espléndido en sus banquetes”. A los microbios invitados de los humanos se los puede agasajar ofreciéndoles fibra. “Sabemos que cuanto más fibra consumamos, más saludable va a estar nuestra microbiota”, enfatizó la coordinadora de MicrobiAr. El nutriente se encuentra en todos los alimentos de origen vegetal: verduras, frutas, cereales integrales, legumbres, frutas secas, semillas y frutas desecadas.
Un granito de arena para mejorar la ciencia
Para postularse en MicrobiAr las principales condiciones son: residir en Buenos Aires y tener entre 30 y 60 años. Quienes tengan diabetes tipo 2, prediabetes u obesidad participarán del grupo intervenido y los voluntarios sin las afecciones conformarán el grupo de control. El ensayo consta de seis fases: preselección, reclutamiento, inicio de consultas médicas, registro alimentario junto a las nutricionistas del equipo, toma de muestras de sangre y heces y, por último, el seguimiento.
El objetivo es reclutar a 480 voluntarios a quienes los investigadores les brindarán asesoramiento médico, nutricional y científico de forma gratuita, según explica la página web oficial del estudio. Además, van a recibir un plan alimentario con predominio de alimentos de origen vegetal basado en los lineamientos de la Asociación Americana de Diabetes y un kit para facilitar la toma de muestra de materia fecal.
Hasta el momento hay 100 confirmados que ya fueron al hospital y entregaron las primeras muestras. Bustamante también cuenta que hay personas que se anotan y después no van al turno, como se espera en ensayos clínicos de esta clase, por lo que remarcó que necesitan más inscriptos. “En esta instancia solo se chequean algunos puntos de exclusión básicos”. En ensayos de esta envergadura, los resultados son menos concluyentes si hay una población muy disímil. “Este es solo un número base”, subrayó Manuzza.
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