Su presencia en productos es incolora, con un ligero olor distinguible y es común encontrarlo en juguetes, artículos de puericultura, envases, dispositivos médicos, cortinas de baño, pisos vinílicos y muchos productos de consumo.
Precisamente en los juguetes, la inclusión de estos materiales está estrictamente limitada debido a la interacción y absorción que los niños pueden sufrir debido a distintas acciones. Esto incluye interacción oral con el producto o manipulación prolongada, lo cual facilita el ingreso del producto químico al sistema humano.
El principal problema sanitario con el DEHP está relacionada a su capacidad disruptiva a nivel endócrino. Esto genera interferencias con el sistema hormonal de las personas, teniendo distintos efectos entre hombres y mujeres.
Para los varones, la interacción con este químico tóxico resulta en casos de disminución de los niveles de testosterona y atrofia testicular. En mujeres, los efectos pueden resultar en alteraciones hormonales, relación con endometriosis y síndrome de ovarios poliquísticos.
En altas concentraciones, también pueden generar problemas a nivel hepático, a nivel metabólico y afectar el sistema nervioso. Por otra parte, el producto fue catalogado como potencial carcinógeno humano tras distintas pruebas en animales.
Prohibición global
Desde finales de los 90, las distintas organizaciones nacionales e internacionales de salud señalaron los potenciales problemas relacionados al DEHP. En ese sentido, tanto Estados Unidos como la Unión Europea establecieron estándares de tolerancia máxima en juguetes y otros productos.
Sin embargo, el estándar sanitario occidental no se reprodujo directamente en todo el mundo. Especialmente en China, se han encontrado productos con altas concentraciones de DEHP, alcanzando niveles de hasta el 30%.
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