Según un sondeo realizado por el diario ruso The Moscow Times, más del 50% de los rusos no planean vacunarse.
El ministro de Salud, Mijaíl Murashko, criticó la semana pasada el "comportamiento" de los ciudadanos que rechazan las vacunas.
Rusia desarrolló una fórmula propia contra la COVID-19, la Sputnik V. El Estado impulsó una de las campañas de inoculación más tempranas del mundo, pero que tuvo una aceptación limitada en una población escéptica.
Por otro lado, en las grandes metrópolis como Moscú, San Petersburgo, Samara, Kazán y otras, la vida se desenvuelve con, prácticamente, total normalidad. Las normas de distanciamiento, lavado de manos y el uso de barbijo no son exigidas con rigurosidad.
De momento, el Kremlin no considera imponer la obligatoriedad de la vacunación y además descarta retomar una cuarentena nacional, sino que delega a cada región encargarse de las restricciones que consideren necesarias para contener el virus.
Desde el inicio de la pandemia, 225.325 personas murieron por coronavirus en Rusia.