Para obtener estos resultados, se tomó una cohorte espacial que voló entre 1998 y 2001 en misiones de un promedio de 12 días. Aproximadamente el 85% fueron varones.
Las muestras de sangre se recolectaron dos veces, exactamente 10 días antes del vuelo espacial y el día del aterrizaje. Por otro lado, los glóbulos blancos se recogieron una vez, tres días después del aterrizaje. Toda la evidencia se conservó intacta en un congelador durante 20 años.
Las mutaciones observadas en los genes fueron menos del 2%, quienes superan ese umbral enfrentan un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y algunas formas de cáncer.
“A través de este estudio, hemos demostrado que podemos determinar la susceptibilidad individual de los astronautas a desarrollar enfermedades relacionadas con su trabajo sin ninguna implicación que pueda afectar su capacidad para realizar su trabajo. De hecho, nuestros estudios demuestran la importancia de la detección temprana y continua para evaluar esa susceptibilidad”, asegura el comunicado.
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