Granada vuelve a temblar: un terremoto de 3,1 reactiva el miedo

El terremoto se sintió en Granada y su área metropolitana, sin daños graves, un día después de que la Junta rebajara la emergencia sísmica.

Granada volvió a temblar este miércoles y el miedo reapareció bajo los pies de una población que lleva un mes pendiente de cada sacudida. Un nuevo terremoto de magnitud 3,1 alcanzó la capital y su área metropolitana apenas un día después de que la Junta de Andalucía rebajara el nivel de emergencia.

El movimiento se produjo a las 9:54 y fue localizado definitivamente por el Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Ogíjares, al sur de la capital. Los primeros cálculos lo habían situado en Churriana de la Vega, con una magnitud de 3,4 y a cinco kilómetros de profundidad, pero el organismo revisó posteriormente los datos y estableció una magnitud de 3,1, carácter superficial e intensidad III. La sacudida llegó a sentirse en cerca de 30 localidades, entre ellas Armilla, Atarfe, Monachil, Las Gabias, La Zubia, Maracena y la propia ciudad de Granada.

Por el momento no se registraron heridos ni daños materiales graves. El 112 recibió una decena de llamadas, aunque no necesitó movilizar medios de emergencia, mientras que los ayuntamientos de Granada, Armilla, Las Gabias y Ogíjares tampoco informaron situaciones de urgencia. El susto, sin embargo, volvió a alterar una mañana que había comenzado con cierta normalidad y reavivó la inquietud de vecinos que todavía duermen con miedo, prestan atención a cualquier vibración y reclaman más preparación en los colegios ante posibles movimientos.

¿Por qué Granada encadena tantos terremotos?

El movimiento de este miércoles forma parte de la serie sísmica de Alhendín, iniciada el pasado 14 de agosto y todavía activa. Desde entonces se contabilizaron más de 1.700 terremotos, aunque la mayoría fueron pequeños y no llegaron a ser percibidos. Los momentos de mayor tensión se produjeron el 15 y el 18 de agosto, cuando dos sacudidas de magnitud 4,8 provocaron daños, obligaron a desalojar viviendas y llevaron a muchos vecinos a pasar la noche fuera de sus casas. Hasta la última actualización detallada del IGN, 150 movimientos habían sido sentidos y cerca de 23.000 personas habían informado su experiencia mediante los cuestionarios del organismo.

Por eso, aunque el terremoto de 3,1 de este miércoles no haya dejado consecuencias graves, su impacto emocional resulta difícil de separar de todo lo ocurrido durante el último mes. Tampoco se trata de la primera secuencia prolongada que vive la provincia en los últimos años. Entre diciembre de 2020 y agosto de 2021, otra serie concentrada alrededor de Santa Fe y Atarfe produjo más de 3.000 terremotos superficiales, seis de ellos con magnitudes de entre 4 y 5. Aquella sucesión, cuyo movimiento más fuerte alcanzó 4,5, ya había puesto a prueba la tranquilidad de los municipios de la Vega.

La repetición de estos episodios tiene relación directa con la ubicación de Granada dentro de las cordilleras Béticas, una región formada por la interacción entre las placas africana y euroasiática y atravesada por numerosas fallas activas. En los alrededores de la actual zona epicentral se encuentran las fallas de Granada, Dílar, Santa Fe y Belicena-Alhendín, con longitudes que oscilan entre los 8 y los 17 kilómetros. La tensión acumulada en esas estructuras se libera de manera periódica y convierte a la cuenca granadina en una de las áreas con mayor actividad sísmica de Andalucía.

Buena parte de los terremotos se origina, además, a escasa profundidad, por lo que incluso movimientos de magnitud moderada pueden sentirse con claridad dentro de viviendas y edificios. Los informes científicos muestran que la serie viene perdiendo energía desde el 20 de agosto y no observan señales de una reactivación más intensa, pero eso no significa que haya terminado. Permanece una sismicidad de fondo asociada a las fallas de la zona y, como demostró la sacudida de este miércoles, todavía pueden producirse nuevos temblores perceptibles.

¿Está Granada preparada para un gran terremoto?

La respuesta no es absoluta. Granada está hoy mucho mejor preparada que en los grandes terremotos de su historia, pero ningún sistema puede garantizar que una ciudad salga indemne de un movimiento de gran magnitud. Tampoco existen indicios científicos que permitan afirmar que la actual serie sísmica sea el anuncio de una sacudida mayor: los terremotos no pueden predecirse y el tiempo transcurrido desde el último gran episodio no funciona como una cuenta regresiva.

El riesgo, sin embargo, existe y forma parte de la historia de la provincia. En 1884, el terremoto de Arenas del Rey alcanzó una magnitud estimada de entre 6,2 y 6,5, causó centenares de muertes y destruyó miles de edificios. Algunos especialistas, como el catedrático de Estructuras Amadeo Benavent, sostienen que Granada podría volver a registrar a largo plazo un movimiento cercano a 7. Otros expertos introducen un matiz importante: las fallas implicadas en el actual enjambre son relativamente cortas y, según la catedrática de Geología Ana Crespo Blanc, no tienen capacidad para acumular la energía necesaria para provocar un terremoto de semejante tamaño.

La preparación de la ciudad también depende del edificio en el que se produzca la sacudida. Las construcciones levantadas en zonas de riesgo sísmico deben ajustarse desde 2002 a la norma NCSE-02, diseñada principalmente para evitar el colapso y permitir que las personas salgan con vida, aunque el inmueble pueda quedar dañado. Las mayores dudas recaen sobre las edificaciones antiguas, especialmente aquellas construidas antes de la primera normativa sísmica de 1968, los bloques con un mantenimiento deficiente y los elementos exteriores que pueden desprenderse, como cornisas, balcones o revestimientos.

La serie de agosto funcionó, en ese sentido, como una prueba real para Granada. Los equipos técnicos inspeccionaron 1.188 edificios: 810 recibieron la clasificación verde, 314 quedaron en amarillo y 64 fueron señalados en rojo por presentar daños graves o condiciones inseguras. El sistema de emergencias logró coordinar desalojos, revisiones y realojamientos sin que se produjeran fallecidos ni heridos graves, pero más de 400 personas todavía no habían podido regresar a sus viviendas un mes después. Granada cuenta con normas, planes y equipos especializados; la incógnita es si ese dispositivo alcanzaría ante un terremoto muy superior a los registrados durante esta serie.

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