A grandes rasgos, hay cuatro síntomas principales, a saber:
- Dolor crónico generalizado y continuo en músculos y articulaciones
- Hipersensibilidad al tacto o roce con la piel
- Cansancio
- Trastornos del sueño
Otras manifestaciones incluyen:
- Dolor de cabeza
- Espasmos musculares
- Entumecimiento
- Rigidez articular
- Menstruaciones dolorosas
- Dolor de estómago
- Hinchazón abdominal por gases
- Estreñimiento
- Diarrea
- Trastornos de la memoria y atención
- Trastornos del estado de ánimo, ansiedad y depresión
- Irritabilidad general a los ruidos, a la luz, a los olores no habituales, al olor a comida y a la presencia de otras personas
La causa de la fibromialgia
Existen numerosos tipos de fibromialgia que se clasifican según su gravedad o intensidad. En general, depende de cada persona cuál es el síntoma predominante y cuál es el ciclo de dolores.
La enfermedad comprende un espectro de intensidades, desde formas leves prácticamente sin síntomas, hasta formas muy graves que pueden llegar a invalidar al paciente. Se calcula que todos los casos pueden agruparse en los siguientes subgrupos:
- Fibromialgia con sensibilidad extrema al dolor.
- Fibromialgia con síndrome depresivo asociado.
- Síndrome depresivo predominante con sintomatología de fibromialgia.
- Síndrome de fibromialgia con predominio de somatización.
La principal dificultad que enfrentan los pacientes y los médicos es que no se ha descubierto una causa clara atribuible. Aunque sí existen diferentes teorías sobre el origen.
Una de ellas está relacionada a las alteraciones en el sistema nociceptivo, que es el conjunto de estructuras del sistema nervioso que regulan la percepción y la respuesta al dolor.
Es decir que supondría un descenso del umbral de detección de estímulos dolorosos que afectaría a diferentes tejidos como los músculos, la piel, los huesos, los tendones y los ligamentos, lo que produce un dolor extenso principalmente en la espalda.
Por otro lado, también aparecen alteraciones a nivel cerebral, con aumento de la activación en las áreas de procesamiento del dolor (emocionales y sensoriales), así como una disminución de neurotransmisores (sustancias químicas que transmiten información de una neurona hasta la siguiente) que actúan como freno en la sensación dolorosa.
La evolución de la enfermedad es variable y dependerá de cada caso. Junto a un abordaje interdisciplinario la persona puede aprender a controlar los síntomas y a llevar adelante las actividades de la vida diaria a nivel personal, familiar, social y laboral.
*Fuente: La Vanguardia