En rasgos generales, las glías se encargan de:
- Alimentar las neuronas
- Ayudar a las neuronas a comunicarse
- Dirigir las actividades neuronales, tales como las señales de dolor
Hoy en día se sabe que las glías pueden generar que una red de dolor saludable se desregule y envíe señales de dolor falsas y destructivas que nunca terminan.
¿Cómo funciona el dolor?
El sistema del dolor funciona en tres etapas en el sistema nervioso:
- Una lesión o dolencia causa daño, las fibras nerviosas lo detectan y envían un mensaje de dolor hacia el cerebro.
- Aquellas señales ingresan a la columna vertebral en una transferencia monitoreada y, a veces, modificada por las glías cercanas. En este traspaso del sistema nervioso periférico al central, las glías amplifican o disminuyen la intensidad o duración del dolor. Y es aquí donde las cosas pueden salir mal y desencadenar dolor crónico.
- Esas neuronas de la médula espinal llevan las señales a un punto de la corteza cerebral y crean la sensación de dolor.
Como se ha demostrado en las investigaciones recientes, el dolor crónico se desarrolla porque las glías aceleran el sistema del dolor en un ciclo inflamatorio sin fin que provoca que los nervios generen una alarma de dolor perpetua.
Todavía no está claro exactamente cómo o por qué se desarrolla esta mala gestión. Puede surgir después de una lesión o incluso de la nada.
Glías: ¿Las culpables del dolor crónico?
En teoría, identificar a las glías como culpables del dolor crónico debería facilitar la búsqueda de una solución. Desafortunadamente todavía no es así, porque no se las puede simplemente eliminar.
Los analgésicos actuales no ayudan porque se dirigen a las neuronas, no a las glías. De hecho, las glías parecen tener tantas formas de transmitir señales de dolor que incluso si un tratamiento bloquea una, rápidamente encontrarán otra.
No obstante, los descubrimientos científicos ofrecen la esperanza de encontrar un tratamiento muy pronto. Al menos se sabe en qué parte del sistema nervioso buscar una solución.
Todavía no se han encontrado biomarcadores fácilmente detectables que puedan demostrar en una persona viva que las glías (u otros elementos) están causando dolor crónico. Pero la ciencia subyacente es sólida y crece cada vez más.
Fuente: The New York Times