Es por esto que, en realidad, el descubrimiento lleva gestándose desde antes de la pandemia de COVID-19. Lundkvist y sus colegas han estado monitoreando las enfermedades de la vida silvestre para anticipar si podrían propagarse.
Dado el ritmo acelerado del cambio climático y la destrucción de los hábitats, hay muchas posibilidades de que las interacciones entre humanos con otras especies aumenten en el futuro.
Reservorios de virus
Los betacoronavirus, un género de coronavirus, generalmente se encuentran entre murciélagos y roedores. Cuando saltan a los humanos, son responsables de causar el resfriado común e infecciones respiratorias como el SARS-CoV-2.
El nuevo virus de campañol aún no se ha detectado saltando a los humanos, pero si el COVID-19 ha enseñado algo es que se necesita una mayor vigilancia de la vida silvestre para evitar nuevos brotes, consideran los investigadores.
De hecho, en el transcurso de tres años, el equipo sueco ya encontró varias cepas distintas del virus Grimsö.
Además, otros coronavirus estrechamente relacionados se distribuyeron ampliamente entre ratones de otras partes de Europa, como Francia, Alemania y Polonia, lo que sugiere que estas criaturas son reservorios naturales de la enfermedad.
“Nuestros hallazgos indican que el virus Grimsö podría estar circulando ampliamente en los campañoles y señalan además la importancia de la vigilancia en pequeños mamíferos salvajes, especialmente en roedores", escriben los autores en el estudio publicado en Viruses.
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