Sin embargo, son mitos, ya que no tiene incidencia en el peso, es seguro porque se utiliza siempre material descartable, se puede donar después de los seis meses o al año de tatuarse y siempre hay que desayunar antes.
De hecho, una persona puede tranquilamente aportar aproximadamente medio litro de sangre cada 56 días.
El periodo intermedio se debe a que, aunque el plasma se vuelve a producir en un par de días, las células sanguíneas perdidas pueden tardar hasta un máximo de ocho semanas, indicó la investigadora Matilde Cañelles López del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, España, en un artículo en The Conversation.
Beneficios de la donación para la salud
Es de público conocimiento que la donación de sangre puede salvar vidas, pero la salud del donante también sale beneficiada, según afirmó Cañelles López.
"Aparte de las ventajas que ya conocíamos, como que nos hagan un minichequeo para comprobar que reunimos las condiciones necesarias, o la satisfacción de pegarnos un buen desayuno gratis en términos calóricos, se perfilan otras importantes ventajas fisiológicas”, introdujo.
Si una persona no pierde sangre por ningún motivo, el plasma acumula todas las sustancias que el organismo no es capaz de degradar o expulsar. Si son nocivos y tardan en destruirse, pueden ser perjudiciales.
Tal es el caso de las perfluoroalquiladas o PFAS, por sus siglas en inglés: son compuestos químicos con una gran capacidad de repeler el agua que se utilizan en la fabricación de muchos objetos de uso cotidiano como alimentos envasados, ceras, pinturas, productos de limpieza, elementos antiadherentes, así como en el ambiente y el agua, entre otros.
“Pues aquí reside la ventaja de donar”, resalta el artículo en The Conversation. Al perder sangre, el cuerpo comienza inmediatamente a generar plasma para compensar el líquido en falta. De esta manera, se diluyen los compuestos nocivos que circulan en el torrente sanguíneo, incluyendo los PFAS y probablemente otros aún no descubiertos.
La donación de sangre es vital para mujeres que sufren hemorragias en el embarazo o el parto, niños que padecen anemia, pacientes con trastornos de la médula ósea, trastornos de la hemoglobina y enfermedades por inmunodeficiencia hereditarios, víctimas de accidentes y desastres, así como pacientes sometidos a procedimientos quirúrgicos complejos, detalla la OMS.
“La necesidad de sangre es universal, pero el acceso de todos los que la necesitan no lo es”, asevera la agencia de salud que insta a contribuir periódicamente.
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