Encontraron que parte de estos genes intervienen en la funcionalidad de los axones, las terminaciones de las neuronas que, como capilares, llevan el impulso nervioso a las células nerviosas contiguas. También observaron una sobreexpresión del proceso que expresa la información codificada en el ADN en las proteínas.
Sin embargo, no encontraron una relación entre estas variaciones genéticas en los insomnes y otros aspectos relacionados con el sueño, como ser madrugador, la tendencia a sestear, los ronquidos o los despertares repentinos. Lo que sí encontraron fue una correlación genética con otros trastornos mentales, como la depresión y la ansiedad, y otras afecciones, como la diabetes o enfermedades coronarias.
"Es un resultado importante ya que siempre buscábamos las causas del insomnio en los circuitos cerebrales que regulan el sueño. Debemos cambiar y poner el foco en los circuitos que regulan la emoción, el estrés y la tensión", comenta el profesor de neurofisiología del Instituto de Neurociencia de los Países Bajos y coautor del estudio, Eus Van Someren.
El otro trabajo, basado en datos de 450.000 británicos, confirma la complejidad genética que está detrás del insomnio. Identificaron al menos 236 genes relacionados con los síntomas del trastorno.
Concluyeron que los insomnes tienen hasta el doble de riesgo de padecer una cardiopatía coronaria o síntomas propios de la depresión.
La autora sénior de esta investigación, la investigadora en genética del sueño del Hospital General de Massachusetts (EE UU), Richa Saxena, destacó: "Ahora queda un duro trabajo para averiguar cómo los cambios en los genes nos llevan al insomnio. Esto requiere estudios en células humanas, ratones, moscas de la fruta, pez cebra y otros organismos modelo. Además, son indispensables estudios detallados que definan con mayor precisión los vínculos causales entre el insomnio y los resultados clínicos".