Europa, que durante 20 años sostuvo política y operativamente la tesis de la primacía del multilateralismo, junto con un grupo de países, incluyendo Brasil, mantuvo ese discurso en Río de Janeiro, pero, al mismo tiempo, trasladó a la burocracia diplomática el papel de quitarle la acción indispensable.
Brasil optó por la renuncia a la audacia y perdió la timidez en asumirse conservador en el actuar y en el hablar.
Ese documento insignificante que fue aprobado puede haber sido demasiado duro para el multilateralismo, en la medida en que se le concede un espacio de negociación atestado de incompetencia. No faltará quien defienda el ocaso del multilateralismo para resolver la crisis ambiental. Los pobres resultados de la agenda oficial de esta lamentable "Río-20" fueron a causa de la red de intereses y deseos que persistentemente actuó a partir de Río 92, de modo que ningún cambio los afectara o pudiera poner en peligro su hegemonía geopolítica.
En 1992, el pedido de la niña Severn Suzuki a los jefes de Estado, para que asumieran los compromisos ambientales, conmovió al mundo. Ahora, la neozelandesa Britanny Trilford fue más incisiva: "¿Ustedes están aquí para salvar sus imágenes o para salvarnos?" Y más: "Cumplan lo que prometieron". Rostros impasibles escuchando la crítica. ¿Realmente les importa esa denuncia contundente de su falta de acción?
La conferencia mostró la creciente brecha entre los pueblos y los estados.
El contraste no fue sólo entre los colores fuertes de la diversidad social y las formalidades del Riocentro. Se trata de un cambio que la sociedad hace, un tránsito en la civilización que no es acompañado por los gobiernos. Éstos se limitan a hablar del futuro, mientras que compiten por el botín del siglo pasado y se preparan a ser los guardianes de la no sustentabilidad.
La gran decepción, por desgracia, fue la negativa del gobierno de Brasil a asumir el liderazgo innovador que le da su condición de potencia socioambiental, alejándose de su tradición diplomática en la agenda ambiental.
Al permitirse ser la mano que debilitó al multilateralismo y reforzar las estrategias de exclusión de los países ricos, se entregó a la misma lógica que llevó al retroceso interno expresado en el Código Forestal. A los países les faltó actitud, y Brasil no hizo nada para revertir esta situación o denunciarla.