Fue correcta y necesaria la decisión de suspender el recital para cuidar a los asistentes, pero no alcanza. La violencia no es un hecho aislado ni accidental. Como dijo Galán, "la violencia no puede tener espacio en nuestra sociedad", pero queda claro que para evitarlo se necesitan políticas fuertes y coordinación efectiva entre organizadores, seguridad privada y fuerzas policiales.
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El incidente mostró las fallas graves de la organización y la prevención de este evento, donde la violencia no debería tener lugar. Urge una coordinación real entre autoridades y promotores para garantizar la seguridad y preservar la cultura.
Además, también se tiene que poner en discusión la responsabilidad de los promotores a la hora de evaluar los riesgos en eventos masivos. La música popular, en especial la cumbia villera, une a mucha gente, pero también convive con realidades sociales complejas. Que un recital termine manchado por la violencia entre barras debería ser una señal para replantear los protocolos y priorizar la seguridad por encima de la recaudación o la rapidez en la logística.
Queda una cuenta pendiente para la ciudad y para quienes organizan este tipo de eventos: cómo garantizar que la alegría y el disfrute sean la verdadera marca de la noche, y no el miedo ni la tragedia.
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