Un relevamiento realizado por la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales) indicó que desde que comenzó el aislamiento social, preventivo y obligatorio disminuyó la cantidad de dióxido de nitrógeno (NO2) acumulada en el cielo de la Argentina, debido a que se redujo el tránsito, la actividad industrial y los vuelos.
Además, al contrastar las emisiones de la Capital con las del mismo período de 2019, se descubrió que los gases contaminantes se redujeron hasta en un cincuenta por ciento.
Estos datos revelan que el COVID-19 no solo puso en jaque las actividades sociales, sino también revela el daño que le produce la "vida cotidiana" al planeta. Sin dudas, la preocupación por la contaminación y el calentamiento global viene desde hace décadas y numerosas luchas se han dado para cuidar la Tierra.
Por ejemplo, la preocupación por un desarrollo industrial más amigable con el medioambiente puso en jaque a una gran cantidad de empresas, incluyendo a las textiles. Cada vez son más las casas de diseño y marcas que huyen de lo conocido como fast fashion, ropa económica realizada con materiales de mala calidad, y se suman a la moda sostenible.
Al principio, los emprendedores fueron los que se plegaron a este nuevo paradigma verde, pero luego las grandes marcas adoptan esta tendencia, que, sin duda, aumentará tras la pandemia.
Para obtener cuero y viscosa de forma convencional, los proveedores de materias primas debían deforestar grandes porciones de tierra. El algodón utiliza el 16% de los insecticidas del mundo en solo el 2,4% de sus tierras de cultivo y ha erosionado la biodiversidad del suelo y los hábitats naturales; y la lana y la cachemira provocan la pérdida de hábitat y la degradación del suelo a una velocidad vertiginosa.
Por eso, algunas marcas han decidido obtener sus productos mediante sistemas de agricultura regenerativa, que está enfocada en mejorar la fertilidad del suelo, permitiendo que el suelo aumente la biodiversidad y almacene carbono. También evitan la tala de bosques, y explora la utilización de materiales reciclables.
Por ejemplo, la marca estadounidense Eileen Fisher obtuvo el 47 por ciento de su lana el año pasado de tales granjas, y está expandiendo esa cadena de suministro y planea agregar algodón.
Otras como The North Face, Coyuchi y Elizabeth Suzann obtienen lana a través de Climate Beneficial Wool, una verificación que la organización sin fines de lucro Fibershed de California, Estados Unidos, creó para alentar un cambio hacia la agricultura regenerativa.
En el plano local, Ay Not Dead lanzó en 2019 una colección llamada "Difesa della natura", que estaba compuesta por jeans confeccionados con denim de la fábrica Candiani (la firma italiana número uno del mundo en jeanería, certificada por la sustentabilidad y la innovación de sus procesos) y una remera unisex de algodón ecológico de industria nacional. Con estos procesos, lograban ahorrar hasta un 60% de agua. El detalle: estas prendas tenían una etiqueta que contenía semillas para plantar.
Antonio Guterres, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), indicó tras la publicación en plena pandemia del informe sobre el Estado del Clima Mundial, que "el coronavirus es una enfermedad que está trastornando nuestro entorno y esperamos que sea temporal, pero el cambio climático ha estado allí por muchos años y se mantendrá por muchas décadas, y requiere de acción continua".