En el siglo XIV la peste negra asoló a Europa. Los medievalistas creen que 25 millones de personas murieron debido a ello. Estudios posteriores indican que se trató de una bacteria que portaban los roedores. En la mentalidad dominante de esa época se creía que se trataba de un castigo divino.
Desde la Ilustración en adelante vivimos en un mundo secular. Sabemos más y más rápido. El periodista británico John Carlin escribió una nota que tituló “Tiempo de oportunidad”. Empieza con una nota irónica: “La vejez es mala para la salud y conlleva el riesgo de muerte”. La franja de riesgo del virus es mayor entre los mayores.
En 1955, Adolfo Bioy Casares publicó una ficción titulada “Diario de la guerra del cerdo”. Transcurre en el barrio de Palermo. Un jubilado advierte que las jóvenes generaciones han comenzado a amenazar a los viejos. Hoy la amenaza se llama Covid-19.
En 1722, Daniel Defoe publicó “Diario del año de la peste”, una ficción tomada del azote que sufrió Londres casi un siglo antes. Albert Camus escribió “La peste” en 1947. Dos años después de terminar la Segunda Guerra Mundial. La idea le surgió al leer el libro de Defoe. La novela de Camus tenía un objetivo político: destacar la dignidad del hombre aún en los peores momentos.
En su nota, Carlin observa otra cosa: el Covid-19 puede ayudar a finalizar la grieta. En Argentina esta idea parece haber cobrado vida. La excepcionalidad de una pandemia planetaria puede hacernos olvidar las rencillas cotidianas. Dicho de otro modo: el mundo no es ancho y ajeno sino que es angosto y cercano.