La declaración de Xi Jinping, que considera a Taiwán como una de sus provincias que no ha logrado unificar desde la guerra civil china de 1949, empañó por un momento el ambiente de jolgorio y conciliador que vaticinaba Donald Trump para toda su estadía oficial en China, tras haberla visitado en su primer mandato, en 2017.
Otro momento de tensión en la cumbre bilateral se vivió cuando Xi Jinping hizo referencia a un concepto geopolítico conocido como la trampa de Tucídides, que habla sobre los riesgos que surgen cuando una potencia emergente desafía a una más fuerte y establecida.
“Actualmente, una transformación sin precedentes en un siglo se está acelerando en todo el mundo, y la situación internacional es fluida y turbulenta”, continuó, según una traducción de sus declaraciones. “El mundo se encuentra ante una nueva encrucijada”, sentenció Xi.
"¿Podrán China y Estados Unidos superar la trampa de Tucídides y crear un nuevo paradigma en las relaciones entre grandes potencias? ¿Podremos afrontar juntos los desafíos globales y brindar mayor estabilidad al mundo? ¿Podremos, en aras del bienestar de nuestros dos pueblos y del futuro de la humanidad, construir juntos un futuro más prometedor para nuestras relaciones bilaterales?", prosiguió el líder chino ante Trump.
El líder chino Xi Jinping inauguró la crucial reunión con el presidente Trump planteando de forma ominosa la posibilidad de una futura guerra entre Estados Unidos y China.
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En su alocución, el mandamás chino hizo referencia directa a la trampa de Tucídides, un término acuñado por el profesor de Harvard Graham Allison. El concepto recibió su nombre del historiador griego Tucídides, quien escribió que el auge de Atenas puso a Esparta en una posición tan defensiva que la guerra era inevitable.
Este concepto geopolítico representa una teoría de relaciones internacionales que sostiene que el riesgo de guerra aumenta cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia dominante.
Xi Jinping lo utilizó para describir los problemas a los que se enfrentan Estados Unidos y China como "cuestiones vitales para la historia" y para "el mundo y para los pueblos".
Algunos analistas políticos no la interpretaron como un presagio funesto. “Lo que Xi Jinping dijo en ese discurso es que podemos superar la trampa de Tucídides”, dijo Helen-Ann Smith, corresponsal de Sky News Asia .
Así que lo que está diciendo es: ‘Somos una potencia emergente y no deberían sentirse amenazados por nosotros’. Ese es su mensaje clave Así que lo que está diciendo es: ‘Somos una potencia emergente y no deberían sentirse amenazados por nosotros’. Ese es su mensaje clave
Lo que sí acordaron China y Trump: reabrir Ormuz y que Irán no tenga un arma nuclear
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó este miércoles a China y se reunió este jueves con su homólogo chino, Xi Jinping, en el Gran Palacio del Pueblo en Pekín, tras haber mantenido con él hasta octubre del año pasado una guerra comercial que incluyó aranceles mutuos superiores al 100%, lo que definitivamente derivó en la intensificación por parte de Pekín sobre sus propias tierras raras para impactar en la cadena de suministro de semiconductores, defensa y tecnología de EE.UU.
Trump fue recibido en el Palacio del Pueblo, situado en la capital del gigante asiático, con estruendos de cañonazos, un desfile militar imponente, saludos protocolares y una banda que interpretó The Star-Spangled Banner y el himno nacional chino.
Los mandatarios de Estados Unidos y China pasaron revista a las tropas chinas antes de visitar el Templo del Cielo, un complejo religioso que data del siglo XV, declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO y uno de los principales lugares históricos de la capital china. Posteriormente, entraron al banquete de Estado ofrecido por Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo, donde también ingresaron sus respectivas comitivas, integradas del lado estadounidense por los empresarios Elon Musk de Tesla y Tim Cook de Apple.
Esta es la primera visita oficial de un presidente estadounidense a China desde que Donald Trump la realizó en 2017, en su primer mandato. Nueve años después, el equilibrio de fuerzas ha cambiado y ahora el republicano utiliza el término “G2” para describir esta reunión bilateral entre ambos.
Desde el Gran Palacio del Pueblo en Pekín, donde niños con banderines de ambas naciones le dieron la bienvenida, ambos coincidieron en su cumbre bilateral en que Irán no debe poseer armas nucleares, a pesar de que Teherán es el principal socio comercial del gobierno chino.
Además, Donald Trump y Xi Jinping estuvieron de acuerdo en la importancia de reabrir el estrecho de Ormuz, vía marítima entre el golfo de Omán y el mar Arábigo bloqueada por Irán como contraofensiva a la guerra y actualmente también bajo bloqueo estadounidense para contrarrestar el control iraní y garantiza el flujo del comercio internacional de crudo.
La importancia de tal canal es que por allí fluye una quinta parte de los hidrocarburos y fertilizantes del mundo y el 90% de los destinados a los mercados asiáticos, por lo que desde su bloqueo, en los primeros días de marzo, el precio internacional del crudo ha sufrido un alza, que suele descender cuando el líder estadounidense asegura que la guerra terminará pronto.
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