El gobierno de Trudeau, apoyado por movimientos sociales, impulsó la narrativa sin cuestionar el rigor científico detrás de las afirmaciones. Y es que mientras se sucedían las protestas y los incendios en iglesias allá en 2021, Trudeau expresó públicamente que "la indignación es entendible", sin condenar los actos violentos que afectaban incluso a las comunidades indígenas que aún asistían a algunas de estas iglesias. Es más, esa tibieza con el vandalismo fue vista por muchos como una especie de aval tácito a la destrucción, mientras el gobierno evitaba confrontar la falta de pruebas detrás de las acusaciones.
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El gobierno de Trudeau usó la historia para impulsar su agenda, ignorando la falta de pruebas. Al cesar la investigación sin disculpas, dejó una Iglesia dañada y una verdad tergiversada.
Además, los recursos que se destinaron a la investigación de las supuestas tumbas no dieron hallazgos significativos. La Comisión Nacional de Escuelas Residenciales, Niños Perdidos y Entierros No Marcados (NAC), que lideró la búsqueda, mostró su decepción cuando, en febrero de 2025, el gobierno de Trudeau decidió retirar el financiamiento del comité. A pesar de haber gastado más de 200 millones de dólares, no se habían encontrado restos humanos, y los que ponían en duda la narrativa oficial fueron atacados y señalados públicamente como "negacionistas", como el caso del abogado James Heller, demandado por difamación tras contrariar las versiones oficiales.
El daño a la imagen de la Iglesia Católica fue palpable, con un repudio social a las instituciones religiosas que participaron en la administración de las escuelas. Sin embargo, los informes históricos demuestran que muchos de los problemas en esos centros fueron causados por la falta de recursos del propio gobierno canadiense, que no logró garantizar ni la salud ni el bienestar de los niños en su intento por “asimilarlos” a la cultura occidental. Si bien es cierto que hubo tragedias y abusos en algunos de estos centros, al menos las acusaciones de tumbas masivas nunca fueron validadas.
Sin una disculpa oficial por la manipulación de la opinión pública y el daño a la Iglesia, la verdad detrás de la controversia de Kamloops sigue siendo un tema espinoso y políticamente polarizado. La historia de las supuestas tumbas masivas se cerró sin respuestas claras, y el saldo es evidente: un país dividido y una iglesia católica que sigue pagando el precio por un escándalo que nunca fue probado.
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