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Sánchez evita el choque con Marruecos tras el reclamo por Ceuta y Melilla

La posible suspensión del acuerdo de extradición abre otro frente diplomático. El Ejecutivo mantiene su estrategia de contención ante Rabat.

Ceuta todavía no recuperó la normalidad y la relación entre España y Marruecos ya enfrenta una nueva escalada. El Gobierno de Mohamed VI elevó la presión en tres frentes sensibles para Pedro Sánchez: la soberanía territorial, el control migratorio y la cooperación judicial.

La escalada llega apenas dos semanas después de que unas 72.000 personas cruzaran hacia Ceuta durante una entrada masiva que dejó al menos 96 muertos. En ese escenario, el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, reactivó el reclamo sobre Ceuta y Melilla, cuestionó la política española de regularización y anunció que Rabat estudia suspender el convenio de extradición por una serie de entregas que, según denunció, terminaron frustrándose cuando los agentes enviados para recoger a los reclamados ya se encontraban en España.

Moncloa respondió con dos registros diferentes. Exteriores aseguró que la integridad territorial española no se negocia y Margarita Robles advirtió que cualquier agresión contra las ciudades autónomas representa un ataque contra todo el país, pero el Ejecutivo evitó dirigir una acusación concreta contra Marruecos. Fernando Grande-Marlaska incluso sostuvo que la cooperación bilateral continuará siendo “extraordinaria y excepcional”, mientras ambos países refuerzan la frontera ante los llamados difundidos en redes para intentar una nueva entrada masiva este 15 de agosto. La movilización mantiene a Ceuta y Melilla en alerta y explica por qué Sánchez prefiere contener la disputa antes que abrir una ruptura diplomática con Rabat.

Ovidio y el caso de la patera: los expedientes que alimentan la amenaza

Ouahbi dejó fuera de su denuncia los nombres y detalles de las extradiciones cuestionadas. Se limitó a asegurar que varias entregas aprobadas nunca llegaron a concretarse, incluso después de que Marruecos enviara agentes para recoger a los reclamados. Dos expedientes señalados por Infobae permiten ponerle rostro al malestar de Rabat, aunque el ministro no confirmó que fueran los utilizados para justificar su advertencia.

El primero corresponde a “Ovidio”, el nombre anonimizado con el que aparece un ciudadano marroquí acusado de organizar desde Tarragona varios envíos de pastillas psicotrópicas y cocaína hacia Marruecos. Fue detenido en España el 30 de enero de 2025 y recuperó la libertad al día siguiente, pero la Audiencia Nacional autorizó su extradición y ratificó la entrega mediante un auto firme del 9 de enero de 2026. Su traslado quedó aplazado porque también está involucrado en una causa abierta en Barcelona, aunque Rabat todavía puede solicitar que sea enviado temporalmente para juzgarlo. El expediente continúa pendiente, pero no por una negativa española: el convenio permite postergar la entrega hasta que el reclamado responda ante la Justicia del país en el que se encuentra.

El segundo caso corresponde a un ciudadano marroquí al que Rabat responsabiliza por el naufragio de una patera. Según la información publicada, la Audiencia Nacional no encontró fundamentos suficientes para autorizar su extradición en los términos solicitados. La identidad del reclamado y el número del procedimiento no fueron difundidos, por lo que no puede establecerse públicamente si la entrega fue rechazada por completo o si el tribunal excluyó solamente las acusaciones relacionadas con las muertes. La diferencia es importante: existen resoluciones recientes en las que España aceptó extraditar a sospechosos de organizar salidas clandestinas, pero impidió que fueran juzgados por fallecimientos, narcotráfico o cohecho cuando Marruecos no acreditó una relación concreta con esos delitos.

Migrantes marroquíes regresan a su país escoltados por efectivos españoles desde Ceuta.

Ambos expedientes adquirieron relevancia porque quedaron instalados como ejemplos de la supuesta falta de reciprocidad española. Rabat puede utilizarlos para reforzar políticamente su reclamo, pero ninguno demuestra por sí solo que Moncloa haya incumplido el acuerdo: uno permanece aplazado por una causa abierta en Barcelona y del otro no se conocen públicamente todos los fundamentos judiciales.

Las cifras explican por qué estos tropiezos terminaron convertidos en una cuestión diplomática. Durante 2024, Marruecos emitió 90 solicitudes de extradición hacia 13 países y 46 tuvieron como destino España, más que las dirigidas a cualquier otro Estado. Su Fiscalía situó en el 27,5% la ejecución general de esos pedidos, mientras aseguró que Rabat cumple el 65% de las reclamaciones que recibe. Los datos españoles abarcan otro período: entre 2018 y 2025 se concretaron 98 entregas al reino alauí, el segundo destino por detrás de Estados Unidos, pero también fueron rechazadas 92 peticiones. Las estadísticas no son directamente comparables, aunque dejan claro que España concentra una parte central de las personas buscadas por la Justicia marroquí.

El convenio en cuestión fue firmado en 2009 y entró en vigor el 1 de septiembre de 2012. Obliga a ambos países a tramitar las solicitudes, pero permite rechazarlas por nacionalidad, prescripción, ausencia de doble incriminación, motivaciones políticas o insuficiencia documental. Tampoco podría desaparecer de un día para otro: su artículo 27 establece que una denuncia formal recién surtiría efecto un año después de ser comunicada por vía diplomática. Hasta entonces, la advertencia funciona principalmente como un instrumento de presión sobre Sánchez, aunque una ruptura también perjudicaría a Marruecos, que tiene en España al principal receptor de sus pedidos de entrega.

Los menores de Ceuta, el otro laberinto legal que Moncloa no logra cerrar

La disputa por las extradiciones no es el único frente abierto entre ambos gobiernos. Ouahbi también exigió que España devuelva a todos los menores marroquíes que permanecen en Ceuta, incluidos aquellos que llegaron antes de la avalancha del 30 de julio. Rabat sostiene que deben regresar con sus familias y reincorporarse a las escuelas antes del comienzo del curso, pero su ofrecimiento de recibirlos no alcanza para habilitar una repatriación colectiva.

El problema se cruza directamente con una de las principales reformas migratorias impulsadas por Sánchez. El Real Decreto-ley 2/2025 creó un sistema obligatorio para trasladar menores desde territorios desbordados hacia otras comunidades autónomas. Quienes llegan después de declararse una contingencia deben ser reubicados en un plazo máximo de 15 días desde su inscripción, mientras los que ya estaban tutelados pueden ser derivados durante el año siguiente. El mecanismo fue diseñado para descargar a Ceuta, Melilla y Canarias, pero ahora obliga al Ejecutivo a avanzar con traslados dentro de España mientras Marruecos reclama que el destino final sea el otro lado de la frontera.

Moncloa tampoco puede aceptar la exigencia de Rabat y enviarlos de regreso sin estudiar cada situación. El Tribunal Supremo declaró ilegales las devoluciones realizadas desde Ceuta en 2021 porque no existieron expedientes individuales, no se escuchó a los jóvenes con madurez suficiente ni intervino correctamente la Fiscalía. La sentencia estableció que el acuerdo bilateral firmado con Marruecos no sustituye las garantías de la Ley de Extranjería y que cada retorno debe responder al interés superior del menor. España está obligada a comprobar su identidad, localizar a la familia, evaluar las condiciones en las que sería recibido y descartar cualquier riesgo antes de autorizar la repatriación.

Jóvenes marroquíes esperan agua potable en Ceuta tras la entrada masiva desde Marruecos. La crisis dejó al menos 80 muertos, según cifras oficiales españolas.

Ni siquiera está cerrado el número de jóvenes sobre los que debe decidir el Gobierno. Sira Rego informó inicialmente de 1.342 menores registrados, pero las estimaciones oficiales posteriores elevaron la cantidad potencial hasta los 2.500. Asociaciones vecinales y entidades sociales sostienen que podrían ser hasta 4.000, muchos todavía fuera de los dispositivos de protección, mientras Save the Children calcula que alrededor de 1.500 se encuentran efectivamente bajo tutela. Sin una identificación completa y una determinación fiable de la edad, no puede resolverse legalmente ni el traslado a la Península ni el eventual regreso a Marruecos.

La reunión convocada para preparar una partida extraordinaria de 25 millones de euros tampoco cerró el debate sobre el destino de esos jóvenes. Aragón, Castilla y León y Extremadura rechazaron participar y amenazaron con impugnar los traslados que se realicen antes de estudiar una posible reunificación familiar. Sánchez queda así atrapado entre tres salidas igualmente conflictivas: distribuirlos por España y enfrentarse a las comunidades, devolverlos apresuradamente y exponerse a otra condena judicial o mantenerlos en una Ceuta que ya no dispone de plazas suficientes. La reforma de 2025 resolvió cómo repartir la presión, pero no qué hacer cuando el país de origen exige recuperar a quienes el Estado español está obligado a proteger.

El “día D” llega a Ceuta: el 15-A pone a prueba la cooperación con Rabat

La prueba más inmediata para la relación entre España y Marruecos llegará este sábado. El 15-A, señalado en redes sociales como el “día D” para intentar una nueva entrada colectiva en Ceuta, dejó de ser únicamente una convocatoria digital y se convirtió en una alerta de seguridad a ambos lados de la frontera. La Guardia Civil considera acreditada la existencia de una campaña con capacidad de movilización, aunque todavía no puede determinar cuántas personas responderán ni quién puso en marcha los primeros mensajes. Tampoco existen pruebas que vinculen la organización con el Gobierno marroquí.

España llega a la fecha con un dispositivo muy superior al habitual. Los efectivos policiales y de la Guardia Civil pasaron de aproximadamente 1.100 a 1.600, mientras cerca de 2.000 militares quedaron disponibles para realizar tareas de apoyo. Defensa suspendió permisos y libranzas, se reforzó la vigilancia costera y las unidades especiales permanecen preparadas para intervenir en el perímetro, el puerto y los accesos urbanos. El objetivo es impedir que una concentración en Fnideq vuelva a desbordar el espigón del Tarajal como ocurrió el 30 de julio.

Rabat también movilizó a cientos de policías y militares, instaló nuevas vallas en los alrededores de la frontera y desplegó material antidisturbios, ambulancias y vehículos con cañones de agua. El Ministerio del Interior marroquí aseguró haber tomado todas las medidas necesarias para impedir el cruce y anunció detenciones contra varias personas sospechadas de promoverlo en internet. La respuesta muestra una cooperación que no existió con la misma eficacia durante la primera avalancha, cuando las fuerzas marroquíes terminaron superadas por decenas de miles de personas.

Por eso, lo que suceda el 15 de agosto tendrá una lectura que irá mucho más allá del número de personas que se acerquen a la frontera. Si Marruecos contiene la movilización, Moncloa podrá sostener su decisión de preservar el vínculo y defender que la colaboración continúa intacta pese a las declaraciones de Ouahbi. Una nueva ruptura del perímetro, en cambio, profundizaría las dudas sobre un aliado que durante la misma semana reclamó Ceuta y Melilla, exigió la devolución de sus menores y amenazó con suspender las extradiciones. El “día D” será también el examen definitivo para el “socio fiable” de Sánchez.

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