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'Los girasoles' de Vincent van Gogh estropeada con salsa de tomate también en una sala de National Gallery de Londres (Reino Unido).
Lo que no advierten estos “progres” es que no sólo estropean las obras de grandes artistas, que por cierto su restauración cuesta millones de euros, sino que desprestigian al genuino movimiento climático; el racional que no arruina la cultura y que se aboca a la verdadera protección del medio ambiente.
No pueden justificar la vandalización de las obras artísticas para intentar "equilibrar" con los desastres naturales hechos por el hombre. Esta tendencia cancelatoria es peligrosa porque pervierte el significado y calidad de los legados culturales, poniendo en riesgo su existencia.
Es el segundo ataque brutal ataque que sufre la obra. En marzo de 1914, Mary Richardson (1889-1961), una activista se plantó frente al cuadro, el único desnudo que pintó Velázquez y se lanzó contra el lienzo para cercenarlo. Con un hacha de carnicero le produjo 7 cortes.
“He tratado de destruir la imagen de la mujer más bella de la historia mitológica como protesta contra el Gobierno por destruir a la señora Pankhurst, que es el personaje más bello de la historia moderna”, justificó en ese entonces.
Esta absurda tendencia no es nueva y su creciente popularidad es muy preocupante. El año pasado el mismo grupo ecologista Just Stop Oil profanó 'Los girasoles' de Vincent van Gogh arrojando sopa de tomate y se apropiaron de 'La carreta de heno', de John Constable pegándose al cuadro.
Sea por ideales o por mera búsqueda de atención, cientos de personas se abocan a la destrucción del patrimonio cultural mundial sin llegar a comprender que ponen en riesgo su existencia.
Italia, cuna cultural de Europa, es el país que más sufre la insensatez del actual activismo climático. La fuente Barcaccia en Piazza di Spagna esculpida por Gian Lorenzo Bernini, La Fontana Di Trevi esculpida por Nicola Salvi y la fachada del histórico Palazzo Vecchio fueron una de sus últimas víctimas.
Las autoridades italianas ya están hartas de estos manifestantes. Por ello, el Consejo de Ministros de Italia a mediados de abril, aprobó un proyecto de ley contra los eco activistas que "manchan" el patrimonio cultural . El texto prevé sanciones en caso de "destrucción, dispersión, deterioro, desfiguración, ensuciamiento y uso ilícito de bienes culturales o paisajísticos".
Tal vez los demás países deberían levantar la cabeza y observar las reacciones de las autoridades italianas.
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