Áxel Maroño, desde El Orden Mundial publicó en una extensa nota, que "muchas ciudades de Estados Unidos azotadas por la pandemia ahora enfrentan dos amenazas a su futuro como polo económico del país. Por un lado, las muertes por sobredosis sobre todo de fentanilo, que han batido récords en Nueva York. Por otro, la crisis de vivienda, que ha disparado los alquileres en Miami casi un 60% desde la pandemia y el número de personas sin hogar. Además, la ola de despidos en las empresas tecnológicas y el teletrabajo han vaciado edificios comerciales. “La gente va a venir en masa a Nueva York”, dijo el entonces alcalde Bill de Blasio antes de la reapertura en 2021. Sin embargo, las ciudades incluso podrían estar perdiendo habitantes".
En ese mismo sentido, la misma fuente cita que "las ciudades estadounidenses también enfrentan un escenario económico incierto tras la pandemia. Los alquileres se han disparado en ciudades como Nueva York, donde los propietarios pueden aumentar los precios cada año. Esto ha puesto fin a los covid deals, alquileres baratos por la pandemia, y ha empujado a las clases trabajadoras fuera de sus fronteras. El alquiler medio en Manhattan, por ejemplo, superó los 5.000 dólares el año pasado por primera vez en su historia, una cantidad inasumible en una ciudad con un salario mínimo de quince dólares la hora. Es decir, 2.400 dólares mensuales por cuarenta horas de trabajo".
A su vez, la alta presión habitacional y la falta de vivienda pública están detrás del aumento de personas sin hogar, un reto exacerbado por la escasez de albergues sociales. Más de 69.000 personas no tenían un hogar en 2022 en Los Ángeles, según la autoridad encargada, mientras que en diciembre del año pasado casi el mismo número de personas durmieron en un albergue público en Nueva York. “Nos encontramos en una crisis de personas sin hogar, y el factor determinante es la falta de vivienda asequible”, aseguró en 2021 el actual alcalde de Nueva York, Eric Adams, cuando presidía el barrio de Brooklyn.
El efecto es multiplicador y se replica en otros Estados. Las calles de los icónicos paseos ya no son seguras y las ciudades zombies emergen entre los pocos vivos que se atreven a surcarlas.
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