De paso, agrega que el Rey se hacía llamar "Mr. Schumer" cuando telefoneaba a su amiga a la armería Boss & Co., en Londres, según han relatado a la revista antiguos empleados del establecimiento. .
Para la Casa de Borbón, una situación insoportable.
Tras ocupar portadas de medios de comunicación gráfica, tanto generalistas como de la 'prensa rosa', Corinna Sayn-Wittgenstein (la "amiga entrañable del Rey", tal como ella se define) le concedió una entrevista a la versión española de la revista Vanity Fair.
Ella cuenta que por las amenazas, “ha decidido incluso actualizar su testamento y poner todos sus documentos de trabajo en un lugar seguro a disposición de sus abogados”.
Con respecto a su relación con la Familia Real española, el texto ubica su inicio en 2004, cuando organizó la luna de miel de los Príncipes de Asturias. Las personas próximas a Corinna aseguran que ese encargo fue idea del Rey pero que el príncipe Felipe aceptó, y le tenía muy preocupada (a ella) por si se filtraba alguna información que llevara a la prensa a descubrir a los recién casados.
Don Juan Carlos hizo el encargo a Corinna apenas unos meses después de conocerla, en febrero de 2004 en una cacería organizada por ella en Mozambique.
El reportaje cuenta con declaraciones en exclusiva de Corinna en las que asegura que tras concederle su entrevista a El Mundo está “muy preocupada” por las informaciones “falsas” que circulan sobre ella.
“No puedo comentar nada más porque tengo firmados contratos de confidencialidad con mis clientes y porque, además, estoy convencida de que se me está utilizando en medio de asuntos internos del país que no tienen nada que ver conmigo”, añade.
La reciente presencia del director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en el Congreso ha pasado sin pena ni gloria. Ninguno de los grupos parlamentarios con representación en la comisión de secretos oficiales esperaba que las explicaciones del general Félix Sanz aclararan ni las actividades de la princesa Corinna, ni las relaciones que ha tenido a nivel de Gobierno, ni tampoco la vertiente empresarial de su relación con el Rey Juan Carlos. Este miércoles, Izquierda Unida ha vuelto a registrar en el Congreso una batería de preguntas dirigidas a La Moncloa para que arroje luz sobre las sombras que no quiso disipar el general: las cuentas que habría podido abrir el CNI en paraísos fiscales para pagar los servicios “clasificados” de la princesa, los movimientos de Corinna en el Bank of Scotland de Zurich y en el Private Bank de Ginebra con los nombres de quienes tienen acceso a las mismas, la presencia de don Juan Carlos en los vuelos privados que salieron de la base de Torrejón en los que viajó también la princesa o las reuniones que mantuvo ésta última con el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, confirmadas por uno de sus portavoces sin precisar demasiado su contenido.
Es improbable que el PP y el PSOE voten favorablemente que Margallo vaya al Congreso para hablar de estos asuntos porque sigue vigente el acuerdo alcanzado entre los dos grandes partidos para sofocar el incendio de la Corona. Pero, al mismo tiempo, en los cuarteles generales de ambos se comparte la idea de que si el Rey no pone de su parte y controla a la princesa, la discreción de que hacen gala en los asuntos más espinosos, incluido el escándalo que ha conducido a Iñaki Urdangarin a la Justicia, puede resultar completamente inútil. “Es evidente que esta señora [Corinna Larsen] está embarcada en una campaña de autopromoción personal para engordar su factura y que están siguiéndola la corriente varios medios”, afirma un dirigente del PP. “Nosotros tenemos claro que no vamos a contribuir a desgastar a la Corona, pero no estaría de más que el Rey controlara mejor sus amistades”, asegura en tono de reproche un alto cargo del PSOE que tuvo responsabilidades de Gobierno.
El arranque de la ofensiva de Corinna en los medios, primero a través de El Mundo, más tarde con su aparición en el Hola y Paris Match, y ahora en Vanity Fair, coincidió con las acusaciones que lanzó contra ella Diego Torres, ex socio del duque de Palma, quien desveló algunos correos electrónicos en los que la relaciona con algunas de las actividades que alimentaron la riñonera de Urdangarin a través del Instituto Nóos. En el PP y en el PSOE se opina que esta operación mediática de Corinna no es ni mucho menos ajena a su interés en presentarse como una consultora de altos vuelos, a través de la firma Apollonia Associates, con envidiables contactos en medio mundo y siempre predispuesta a engordar su facturación.
"Es claro que no vamos a contribuir a desgastar a la Corona, pero no estaría de más que el Rey controlara mejor sus amistades", asegura un alto cargo del PSOE que tuvo responsabilidades de Gobierno
“Trato de conectar personas, plataformas e instituciones para crear un valor sostenible y ofrecer unos resultados excepcionales”, le dijo la princesa a la revista española del corazón por excelencia. “Trabajo para empresas que quieren expandirse globalmente. He trabajado para el Gobierno español, cuando se me ha pedido, ha sido siempre delicado, confidencial. Son asuntos clasificados, situaciones puntuales que yo he ayudado a solucionar por el bien del país”, ha añadido Corinna, presumiendo, además, de haber contribuido a desactivar “alguna crisis política que otra”.
La princesa ha barnizado esta campaña que la adjudican PP y PSOE con una capa de victimismo. “Siempre he actuado de manera profesional y apropiada y ésta es la primera vez en mi vida que se me pone en cuestión. Soy mujer y encima rubia, lo cual complica más las cosas… Las especulaciones que siguieron al viaje a Botsuana me dolieron, fueron innecesarias y dañinas…”.
En el PP se recuerda, además, que la Casa Real tampoco es que haya hecho un gran esfuerzo para neutralizar el escándalo. De hecho, pronto hará un año que don Juan Carlos se fracturó la cadera en la famosa cacería de elefantes y desde Zarzuela se explicó que a partir de entonces mantendría mayor discreción en sus actividades particulares, pero sin renunciar a sus amistades, la más famosa la que mantiene contra viento y marea con la consultora y organizadora de safaris. Mr Schumer, así se identificaba el monarca cuando telefoneaba a la princesa alemana a la armería Boss&Co. de Londres, parece que no está dispuesto a abdicar de sus devociones y es algo que empieza a generar un silencioso malestar entre quienes se han comprometido y se están esforzando, desgaste político mediante, en amparar las apariencias de la Corona.