El camino de Truss
Cuando la carrera sucesoria para reemplazar a Theresa May en verano de 2019 comenzó, Truss había sido una de las aspirantes que las quinielas daban por hecho, pero la por entonces secretaria de Estado del Ministerio de Finanzas supo interpretar que su momento no había llegado y fue la primera en sumarse al caballo ganador que acabaría resultando la candidatura de Boris Johnson.
En cuanto asumió el timón, el nuevo premier recompensaría su lealtad con la cartera de Comercio Internacional.
Lo paradójico se encuentra en su círculo familiar. Mientras que sus padres, ambos profesores, eran de izquierda y la llevaban cuando era chica a marchas antinucleares y en contra de Thatcher, Truss se inclinó más a la causa libertaria cuando estudiaba en la Universidad de Oxford, donde desarrolló fervientemente su veneración casi religiosa por la apertura de mercados, la reducción de la influencia del Estado sobre la vida pública y privada y la libertad como estandarte.
Reflejo de esto último es una de sus hijas, a la cual le puso de nombre Liberty (en español significa Libertad).
Con tan solo 21 años, se unió al Partido Conservador en 1996, uno de los periodos más difíciles para una formación a punto de ser arrollada por el Nuevo Laborismo encarnado por el por entonces altamente popular Tony Blair.
Sin embargo, Truss no estuvo exenta de escándalos. Tuvo una relación extramatrimonial de 18 meses con un diputado tory, también casado, hasta 2005. Su matrimonio, a diferencia del de su amante, sobrevivió, pero la resiliencia de su unión no fue suficiente para evitar la furia de los electores de su circunscripción de South West Norfolk, cuando un lustro después, el año que Truss logró su escaño en Westminster, descubrieron el affaire.
Para su suerte, este hecho apenas se recuerda y el eslogan de un sector de los conservadores está más en auge que nunca: "In Liz We Truss", parafraseando con su nombre el lema de USA "In God We Trust" (En Dios Confiamos).