Sin embargo el primer discurso de Joe Biden estuvo dirigido a su accionar en política exterior. Lo que remite directamente a China, Medio Oriente y Rusia. Si bien desde el primer momento de campaña los demócratas hablan de que Estados Unidos debería adoptar una línea dura contra el fortalecimiento de China, lo que proponen no es tan dura como la de Trump, quien a la primera política que lo sacaba de su eje aplicaba sanciones.
Al fin y al cabo no hay que olvidar que detrás de los objetivos de Trump y Xi hay una sola cosa: un sentido de nacionalismo y búsqueda de hegemonía y dominación diplomática e internacional. Si bien la guerra comercial causó mucho daño y comenzó a hundir al mundo en una recesión económica que luego fue profundizada por la pandemia del coronavirus, tanto el gobierno actual de China como el de Trump no podrían ser sin el otro.
“La idea es, si la persona que es más importante en el sistema estadounidense no se preocupa realmente por Taiwán, Hong Kong, Xinjiang o el Tíbet y será mucho ladrido y no mucho mordisco, entonces tal vez eso signifique para el China es una ventana de oportunidad estratégica para avanzar en esos temas en el segundo mandato", explicó a The Washington Post Paul Haenle, director del Centro Carnegie-Tsinghua en Beijing y ex director de China en el Consejo de Seguridad Nacional.
Aunque claro esto es si se le preguntaría a Xi Jinping y sus objetivos, ya que el sector empresarial no es fanático de Donald Trump. Tanto Huawei como Tik Tok sufrieron las presiones de la Casa Blanca republicana. De esta forma una presidencia de Biden podría acercar a las partes a negociar en lugar de continuar con ataques constantes. Sobre todo teniendo en cuenta que el interés demócrata en China está relacionado con los objetivos económicos, de seguridad y de derechos humanos.