La realidad es que todo Europa está gravemente afectada por el virus y Alemania en su papel de estado líder está presionando por endurecer las medidas contra el COVID-19 tanto a nivel interno como regional y al mismo tiempo extender la cuarentena obligatoria lo más posible. Sobretodo teniendo en cuenta que países con gran cantidad de afectados como Italia ya están pensando en retomar las actividades, tal como lo hizo la ciudad de Wuhan en China este mismo miércoles.
Por su parte, la principal preocupación de Merkel está puesta en la economía de la región, ya que todo indica que Alemania, el país económicamente más fuerte de la Unión Europea, está a punto de contraerse casi el 10% en el segundo trimestre. Esto por supuesto llegará como un gran impacto para las autoridades regionales de la Comisión Europea, quienes también impusieron normas duras para evitar el colapso financiero y económico. Es así que una de las medidas alemanas fue bloquear adquisiciones fuera de Europa para proteger a las empresas.
Pero ahora volviendo al acuerdo con China, los lazos establecen que el gobierno alemán podrá comprar "equipos de alta calidad de fabricantes chinos controlados por el estado", según explica The Wall Street Journal. Este es el punto más alarmante y que más hizo dudar a la líder alemana, teniendo en cuenta que constantemente se realizan denuncias en cuanto a cómo el Partido Comunista Chino logra interferir en acciones de los distintos estados y hasta cuestiones privadas de su propia comunidad. "Para el final de la semana, más de 40 millones de máscaras están programadas para llegar a Alemania", aseguró el periódico norteamericano.
Si no fuera por las 2.000 muertes confirmadas, Alemania tal vez no tendría que reucurrir a la ayuda china, es así que en este acto queda demostrada la desesperación del gobierno de Merkel y Europa en general teniendo en cuenta que los sistemas de salud alrededor de la región están colapsados. De esta forma, Alemania se convierte en otro de los países en depender de la asistencia de Xi Jinping como ya lo hizo el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, pero se niega a hacer el presidente Trump.
De esta forma, se está moldeando una imagen de salvador y protector alrededor de Xi, aunque claro no hay que perder de vista que él fue el primero en atravesar la crisis y poner a su población en peligro por también tener una reacción tardía sobre el virus. Claro que al mismo tiempo, la experiencia en la pandemia y el hecho de que tenga acceso a los suministros pone a el gobierno chino en un lugar superior y lo aprovecha para compararse con Estados Unidos y continuar el enfrentamiento. "China está presionando agresivamente el mensaje de que, a diferencia de Estados Unidos, es un socio responsable y confiable", explicó Josep Borell, el canciller español.