Se toman todas las medidas para garantizar la continuidad del Estado y proteger a la Nación.
La democracia y la República ganarán.
Haití no logra salir de la crisis política, social y económica de la prepandemia, que el impacto de las restricciones logró suspender en el tiempo.
Tal como lo advierten las estadísticas año tras año, Haití es el país más pobre de toda América. El 46% de su población está en situación de inseguridad alimentaria y las ayudas externas componen más de un tercio del presupuesto del Gobierno.
En una entrevista con EFE, Antonio Marro, especialista de Emergencias de UNICEF en aquel país, explicó que "en Haití ahora estamos en una situación parecida a una guerra interna, aunque no es para nada una guerra civil declarada", en referencia a la violencia de las bandas armadas que pugnan por territorios en Puerto Príncipe, la capital haitiana, y algunas otras zonas del país.
Sin embargo, el asesinato del propio presidente podría significar una crisis sin precedentes.
Al menos 10.000 personas resultaron desplazadas en las dos primeras semanas de este mes de junio de la zona metropolitana de Puerto Príncipe por esta "guerrilla urbana", un fenómeno "que no es nuevo y que se ha fortalecido en los últimos meses", explicó Marro.
"Están estimadas en un poco más de 65.000" las personas impactadas por esta violencia, una cifra "prudente" que incluye a los que debieron desplazarse, los que viven en los barrios afectados y se han quedado, y los que de alguna manera acogieron a los desplazados, dijo el especialista.
Los afectados son habitantes de los barrios más deprimidos del área metropolitana y "una población altamente vulnerable a cualquier evento", afirmó.
"Una capa de vulnerabilidad y de riesgo en Haití es la covid. Con la entrada hace semanas de las variantes brasileña y británica, muy rápidamente han comenzado a subir los casos. El sistema sanitario es sumamente débil y tenemos datos muy claros de que está llegando el colapso a nivel de atención a los pacientes", aseveró Marro.
El escenario es el de una guerra civil y están absolutamente todas las condiciones.
Moise había advertido un golpe de Estado
Tal como relató el diario El País, en febrero 2021, Haití tenía dos presidentes. Uno, Jovenel Moïse, de 52 años, cumplió su cuarto año en la presidencia. El segundo es Joseph Mécène, un juez de 72 años apoyado por la oposición, pero ignorado por la comunidad internacional, que juró el cargo con un mensaje grabado en una habitación sin más testigos que su cuenta de Facebook y una bandera de Haití. El autonombramiento llegó acompañado de disturbios de grupos violentos que sembraron el miedo y dejaron desiertas las bulliciosas calles de Puerto Príncipe.
El actual presidente sostuvo en ese momento a dicho medio español que había un golpe de Estado en marcha organizado por un grupo de familias y empresarios “que controlan los principales recursos del país, que siempre han puesto y quitado presidentes y que utilizar la calle para crear desestabilización”, dice en una entrevista telefónica con El PAÍS desde su despacho en Puerto Príncipe.
“El golpe de Estado no es un hecho puntual sino una secuencia de acciones. Hasta ahora los Gobiernos eran títeres de los grupos económicos, pero esto hoy esto no sucede y nuestras decisiones sientan muy mal a quienes se sienten poderosos e intocables. Un pequeño grupo de oligarcas están detrás del golpe y quiere apoderarse del país”, había advertido.