Mientras tanto, el semanario The Atlantic publicó un artículo de Saskia Miller destacando el desempeño de la canciller Angela Merkel durante la pandemia. Su actitud fue determinante en que el coronavirus no explotara en Berlín como lo hizo en otras partes, apunta. Si bien el número de casos se ha estado incrementando, como en todos lados, el país no colapsó como España, Francia e Italia, donde murieron 22.000 personas a causa del virus. Las claves: el rigor con el que cotejó la información, su honestidad en admitir lo que aún no se sabe y su compostura.
Según el artículo, el primer dilema que enfrentamos en el marco de esta pandemia es la desinformación, que a veces lleva al punto de que los hechos y la ficción se confundan. Es por eso que los líderes mundiales deben, siguiendo el camino de Merkel, iluminar el camino basándose en la ciencia. De hecho, Miller la llama, en lugar de comandante en jefe, "científica en jefe" (la canciller tiene, de hecho, un doctorado en química cuántica).
Merkel cuenta con un sistema coordinado de científicos y médicos distribuidos por toda Alemania que la asesora, y la confianza de su pueblo. Con 30 años de experiencia política, y un liderazgo que ha sido caracterizado como frío, analítico y racional, Merkel tiene todas las de ganar en esta batalla y lo está haciendo: tanto política como científicamente. Sucede que el liderazgo frío, analítico y racional, quizás hasta predecible, está otra vez de moda. Sin embargo, la crisis de la pandemia ofreció también una oportunidad de presentar un costado más sensible a la canciller.
La razón por la que Alemania no tuvo tantos fallecidos por Covid como el resto, se estima, se debe a una serie de factores: el número total de contagiados es menor, la cantidad de testeos es mucho más alta que en el resto de los países, y se sigue el rastreo de contagios en cada caso. Por último, el sistema de salud ha sido lo suficientemente eficiente como para responder al incremento de la demanda de camas en las terapias intensivas.
El mayor éxito político de Merkel, según su biógrafo Stefan Kornelius, es que logra conseguir que intereses divergentes acuerden. También destacó su capacidad de admitir lo que no sabe y delegar decisiones. En la pandemia del Covid-19, Merkel ha confiado en expertos de organizaciones científicas, incluidas las agencias de salud pública como el Instituto Robert Koch y la red de universidades públicas. Todas las instituciones alemanas están trabajando juntas para establecer sistemas nacionales de investigación. El gobierno federal juega un rol en esto: por ejemplo hace poco reunió a los departamentos médicos de las universidades del país para que trabajen como una sola unidad contra el coronavirus.
Axel Radlach Pries, del Instituto de Salud de Berlín, destacó a The Atlantic la necesidad de recibir información transparente durante la pandemia por parte de los más altos rangos. Tanto Merkel como Christian Drosten, jefe de virología del hospital Charité en Berlín, quien saltó a la fama como experto nacional en las implicaciones y acciones necesarias para combatir el brote, son personas en quienes la gente tiene mucha confianza. La gente sabe "que lo que escuchcan de Merkel y Drosten son datos reales y bien estudiados" y que ambos comparten "información sobre lo que no saben también". Su honestidad es la clave para convencer a los almenes de seguir las reglas de distanciamiento social.